lunes, 30 de septiembre de 2024

¿Me estoy volviendo loca? Cómo el narcisista siembra la duda en tu mente.


¿Me estoy volviendo loca? 

Cómo el narcisista 

siembra la duda en tu mente

He estado dieciocho años casada con un narcisista. Casi veinte años de desgaste emocional, de noches sin dormir, de sentir que mi mente jugaba en mi contra. Durante todo ese tiempo, llegué a preguntarme en más de una ocasión si me estaba volviendo loca. ¿Era yo la que estaba distorsionando la realidad? ¿Era posible que fuera yo la culpable de tantos malentendidos, discusiones y frustraciones? Esa es una de las armas más poderosas del narcisista: hacerte creer que el problema eres tú.

Lo peor de todo es que lo logran de manera sutil, lenta, casi imperceptible al principio. Empiezan por cuestionar pequeñas cosas. Te hacen dudar de lo que dijiste o escuchaste. "No te lo dije así", "Estás exagerando", "¿Por qué te pones así por algo tan insignificante?". Y tú, por supuesto, no quieres ser irrazonable, no quieres ser la persona que reacciona de forma desmesurada. Así que cedes. Te convences de que tal vez sí entendiste mal, de que quizás tu sensibilidad es el verdadero problema. Y ahí, sin darte cuenta, comienza el ciclo de manipulación.

Ejemplos de Manipulación: Los Pequeños Engaños que Rompen Tu Realidad

Recuerdo un día en particular. Habíamos acordado ir a una reunión familiar, algo importante para mí porque era una oportunidad para ver a mis seres queridos, esos que él tantas veces me había alejado con excusas y comentarios sutiles. La mañana de la reunión, me desperté lista para irnos, pero él parecía desconcertado. "¿Qué reunión?", me preguntó con esa expresión de inocencia que aún me desconcierta. Le expliqué, y su respuesta me dejó helada: "Nunca me dijiste nada de eso, inventas cosas. Deberías revisar lo que dices, te confundes mucho últimamente".

El golpe fue devastador. Pasé horas preguntándome si en verdad había olvidado decirle algo tan importante. Quizá fue mi culpa, pensé. Tal vez estaba perdiendo el control. Pero no... no me estaba volviendo loca. Él había escuchado, lo sabía, pero había elegido manipularme. Porque para un narcisista, es más fácil dominar a alguien que duda de sí mismo, que cuestiona su propia realidad.

Este tipo de situaciones se volvieron recurrentes. Olvidaba “decirle” algo, según él; yo era la que exageraba; yo era la que veía problemas donde no los había. Cada vez que intentaba hablar, la historia se torcía hasta el punto en que no sabía cómo había comenzado la discusión. Todo terminaba en una única conclusión: todo era mi culpa.

Gaslighting: El Arma de Destrucción Emocional del Narcisista

Este proceso tiene un nombre, y se llama gaslighting. Es una forma de abuso emocional en la que el narcisista manipula tu percepción de la realidad hasta hacerte dudar de tu memoria, tus emociones e incluso tu juicio. Es como una guerra psicológica silenciosa donde no hay gritos ni golpes, pero los efectos son devastadores.

"Nunca dije eso."
"¿Cómo puedes estar tan segura de algo que no ocurrió?"
"Tienes una imaginación muy activa, ¿no crees?"

Esas frases se convierten en un veneno lento que te va corroyendo por dentro. Empiezas a depender de su versión de los hechos, porque ya no confías en la tuya. Tu intuición se apaga y, con ella, desaparece esa brújula interna que te guiaba. Y el narcisista lo sabe. Sabe que, una vez que destruye tu confianza en ti misma, el control total es suyo.

La Culpa: El Gran Truco del Narcisista

No solo te hacen dudar de tu memoria y tus emociones; también te hacen sentir responsable de todo. Las peleas, los problemas, su mal humor... todo recae sobre ti. Eres tú la que los "provocas". Y cuando intentas defenderte, te giran la situación: "No puedo creer que me estés acusando de esto, con todo lo que he hecho por ti".

Así, la duda no es solo sobre lo que ocurre, sino sobre quién eres tú. Te ves reflejada en un espejo distorsionado que él mismo ha creado. Ya no sabes si eres la esposa que siempre intenta hacerlo feliz o si te has convertido en una carga para él, una persona insuficiente, rota.

Estrategias para Recuperar la Realidad

Déjame decirte algo que he tardado muchos años en aceptar: no estás loca. Lo que estás viviendo es real. Tus emociones son válidas. Tu dolor es legítimo. Pero para romper con este ciclo de duda y manipulación, necesitas herramientas. Aquí algunas que me han ayudado a recuperar el control de mi mente y mi vida:

  • Lleva un diario: Anota lo que ocurre cada vez que sientas que te están manipulando. Escribe los detalles de las conversaciones, cómo te sentiste, qué dijiste. Tener un registro te ayudará a recordar que tu percepción es real y te dará pruebas tangibles cuando intenten hacerte creer lo contrario.

  • Confía en tu intuición: Esa pequeña voz dentro de ti, la que él ha intentado silenciar, sigue ahí. Escúchala. Si algo te hace sentir incómoda o confundida, presta atención. No estás exagerando, no estás siendo irrazonable. Tienes derecho a confiar en ti misma.

  • Habla con alguien de confianza: A veces, una perspectiva externa es crucial. Hablar con un amigo cercano o un terapeuta puede ayudarte a reafirmar lo que estás viviendo y te permitirá ver con claridad cuando te sientas envuelta en la confusión.

Reconoce tu Verdadera Fuerza

La sanación no es fácil. Recuperar tu confianza después de años de abuso emocional toma tiempo, pero cada pequeño paso cuenta. Cada vez que eliges creer en ti misma, cada vez que rechazas la duda que él sembró, es un acto de rebeldía. Y créeme, esa rebeldía es poderosa.

Si hoy estás leyendo esto y te sientes identificada, quiero que sepas algo: no estás sola. Este no es el final de tu historia, solo es un capítulo oscuro del que puedes salir. No te estás volviendo loca. Estás recuperando tu verdad.

No te calles. No te aísles. Comparte tu historia, únete a esta lucha silenciosa que muchas vivimos en la sombra. Juntas podemos enfrentarlo y sanar.

Déjame tu comentario, tu experiencia o simplemente un mensaje si necesitas hablar. Estamos aquí para apoyarnos y para sobrevivir al narcisismo. Porque sí, se puede sobrevivir.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Amar a quien no te quiere: La herida que no sana.


Amar a quien no te quiere: 

La herida que no sana


He visto cómo los bebés, cuando sienten que alguien no los quiere cerca, simplemente se apartan. Sin drama. Sin dobleces. Se alejan con esa pureza que solo los seres más inocentes poseen. Lo mismo hacen los cachorros: si alguien los ignora, no se quedan suplicando ni tratando de ganar el afecto que les es negado. Se van. Con dignidad, aunque no lo sepan. Es un gesto instintivo, una verdad natural que ellos comprenden sin palabras. Algo que, de alguna manera, nosotras, las que hemos caído en las garras del narcisismo, hemos olvidado.

Nosotras nunca nos alejamos. Nosotras insistimos. Nos aferramos. Nos desgastamos. Cada rechazo es una herida, y en vez de retirarnos, nos hundimos más en la búsqueda desesperada de ser queridas. Tal vez es esa falsa esperanza que nos mantiene allí, la idea de que si cambiamos un poco más, si nos amoldamos mejor, si nos hacemos invisibles o más amables, por fin seremos lo suficientemente buenas. Lo suficientemente dignas. Pero ¿dignas de qué? ¿De quién? ¿Dignas de alguien que nunca, ni un solo día, nos ha querido realmente?

Es una tortura autoinfligida, pero no lo ves hasta que estás rota. Sigues ahí, tragándote el rechazo, soportando la indiferencia, creyendo que el problema eres tú. Que no estás haciendo lo suficiente. Que de alguna manera eres defectuosa, y que si te esfuerzas más, si te sacrificas un poco más, esa persona, ésa que te ha destruido pedazo a pedazo, te dará finalmente lo que tanto anhelas: su amor. Pero no llega. Nunca llega.

Hay una vergüenza profunda en nosotras, las que hemos sido tenido un relación, unilateral, naturalmente, con este tipo de individuos. Es una vergüenza que arde por dentro, porque sabemos —lo sabemos en lo más hondo— que estamos malgastando nuestra vida en alguien que no nos ama. Y aún así, seguimos. Nos obligamos a estar, como si nuestra existencia dependiera de esa migaja de atención que, cuando llega, solo sirve para recordarnos lo miserables que nos hemos vuelto. Nos culpamos por quedarnos, pero al mismo tiempo, estamos paralizadas por el miedo de irnos. Nos preguntamos, entre lágrimas y noches en vela, por qué no somos suficientes para que nos quiera.

Y la respuesta duele. Duele porque no tiene que ver con nosotras, sino con ellos. No hay nada que puedas hacer, nada que puedas cambiar de ti, para que alguien que no te quiere, de repente, empiece a hacerlo. Lo que nosotras no entendemos —lo que nos negamos a aceptar— es que no es nuestro papel ganar el amor de alguien. No es nuestro deber suplicar por atención. Porque cuando lo hacemos, cada vez que nos quedamos un poco más, nos arrancamos un pedazo más de nosotras mismas. Y llegamos a un punto en el que ya no queda nada. Nos miramos al espejo y no reconocemos a la mujer que solía estar ahí.

Las heridas de insistir en amar a alguien que no te quiere son profundas. Pero lo más doloroso no es lo que ellos te hacen, sino lo que tú te haces a ti misma. Porque mientras un bebé, un cachorro, simplemente se marcha cuando no es bien recibido, nosotras nos quedamos, mendigando. Nos quedamos porque, en el fondo, creemos que no merecemos más. Que esto es lo que hay. Que no hay amor para nosotras en otro lugar.

Pero eso es mentira. Lo que hemos olvidado, lo que el narcisismo nos roba, es la capacidad de ver nuestro propio valor. No necesitamos quedarnos en un lugar donde no somos deseadas. No necesitamos convencer a nadie de que somos dignas de ser amadas. La dignidad no se mendiga. No se suplica. Se siente. Se vive. Y si nosotras hemos olvidado cómo es, es porque hemos permitido que nos la arrebaten.

El dolor que sentimos es real. Y sí, es una herida abierta. Pero también es una oportunidad para ver que, como los bebés, como los cachorros, tenemos la libertad de marcharnos. De alejarnos. Porque hay algo profundamente antinatural en querer a alguien que no te quiere. Es una acto de violencia contra nosotras mismas, una agresión que solo para cuando damos el paso más difícil: irnos.

sábado, 28 de septiembre de 2024

Ser guapa: El castigo que la fea nunca sufre.

 


Ser guapa: El castigo que la fea nunca sufre




Dicen que “la suerte de la fea la guapa la desea” y es verdad, aunque solo parcialmente….

Ocurre que cuando una mujer es bonita la sociedad le exige más y tiene que disculparse y rendir el doble para demostrar que tiene alguna virtud además de la beldad, mientras que la menos afortunada, recibe el beneplácito, la compasión y, lo más importante, la tranquilidad y el anonimato.

Una mujer es hermosa debe dedicar a su hermosura al menos 65% de su tiempo, tiempo que la regular pasa buscando formas de destacar.

El tiempo pasa por ambas y después de aproximadamente 30 años todo el esfuerzo que la diosa de la belleza ha invertido en continuar siendo hermosa, la horrenda lo ha empleado en ser feliz.

Las expectativas en el caso de las mujeres son traicioneras porque te colocan en un tablero de juego en el que, hagas lo que hagas, siempre pierdes. La guapa debe ser perfecta, pero no demasiado inteligente, no demasiado ambiciosa, porque entonces resulta intimidante, incómoda. Debe estar constantemente en mantenimiento, como si fuera una escultura frágil que se desmorona al primer descuido. Su vida es un constante examen, una carrera sin fin en la que siempre llega última, porque el tiempo —ese enemigo infalible— no perdona ni al rostro más privilegiado.

Mientras tanto, la “fea”, esa categoría absurda que nos hemos inventado para etiquetar a cualquier mujer que no encaje en los estándares de la portada de una revista, vive una libertad que la guapa ni siquiera se atreve a imaginar. Puede darse el lujo de ser irreverente, de no dar explicaciones, de no tener que sonreír en una maldita foto para que todos crean que es feliz. Porque a nadie le importa. Nadie la espera para que deslumbre en una fiesta, ni la usa como referencia aspiracional para alimentar una autoestima construida a base de filtros de Instagram. Ella simplemente existe, y en esa existencia casi anónima, sin luces, sin lente de aumento, tiene la ventaja de poder invertir en lo que realmente importa: su vida.

Y ahí es donde la trampa se hace evidente. Porque cuando la belleza se agrieta, y se agrieta para todas, la que siempre fue valorada por algo tan efímero como un buen perfil o un cuerpo que desafía la gravedad, se queda desnuda ante una sociedad que ya no la aplaude con la misma fuerza. De pronto, todas esas horas frente al espejo, toda esa presión por gustar, por ser siempre la mejor versión de una misma, se convierten en un peso insoportable. La belleza, ese capital que la guapa ha malgastado como si no fuera a acabarse nunca, se esfuma, dejando solo el eco de una juventud que ya no está.

Mientras tanto, la que nunca tuvo que soportar la carga de ser un trofeo, sigue construyendo su propia narrativa, una que no depende de la aprobación ajena. Ha aprendido a brillar de formas que no se ven a simple vista, a destacar en espacios donde la belleza no es una moneda de cambio. No tiene que disculparse por no ser perfecta, ni reinventarse cada cinco años para seguir siendo “relevante”. Y, sobre todo, no vive en la eterna angustia de perder el único poder que se le concedió por azar genético.

Las expectativas son una condena, y lo más irónico es que nadie se escapa de ellas. A la guapa se le exige que sea más, pero nunca lo suficiente como para amenazar, mientras que a la fea se le concede el permiso de ser mediocre siempre y cuando no intente sobresalir demasiado. Y, sin embargo, en esa aparente desventaja, es donde radica la verdadera libertad: la de no tener que ser nada más que tú misma.

Así que no, la suerte no está ni en ser la guapa ni la fea, está en saber mandar al diablo las expectativas, en hacerte inmune a las etiquetas, y en comprender que la única validación que importa es la que viene de ti misma. Porque la belleza, al final del día, no es más que una trampa brillante, un juego de ilusiones que nunca estuvo diseñado para que nadie lo ganara. Y lo más provocativo, lo más subversivo que una mujer puede hacer, es decidir no jugar.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Encadenadas al dolor: El infierno de las relaciones tóxicas.


Encadenadas al dolor: 
El infierno de las relaciones tóxicas


No conozco a mucha gente que se duche en gasolina, tampoco a ninguna que prefiera el nitrógeno al oxígeno.

Tampoco recuerdo a nadie que disfrute bebiendo detergente o comiendo velas de repelente de insectos.

No tengo en mi agenda a ninguna persona que se fustigue voluntaria y diariamente varias veces al día ni tampoco a alguna que prefiera el llanto a la sonrisa

No existen personas adictas al sufrimiento ni deseosas del dolor como castigo, las hay que encuentran placer en ello pero no es para ellas un castigo, una agonía.

Sin embargo, conozco a varias que nadan voluntariamente en una relación tóxica y manipulativa, que viven dependientes de la voluntad de un desastre, de un monstruo en trance y de un diablo disfrazado de ser humano.

Estas personas no se bañan en ácido ni se flagelan, pero están sumergidas en una espiral de sufrimiento igual de corrosiva. El dolor que padecen no es físico, pero el impacto en sus almas es devastador. Las relaciones tóxicas y abusivas no siempre se manifiestan con golpes visibles; a menudo, el abuso es silencioso, astuto, camuflado detrás de las palabras, los gestos y las promesas rotas. Es un veneno que se administra lentamente, gota a gota, hasta que la víctima se encuentra atrapada, inmovilizada por la confusión, la culpa y el miedo.

Es fácil, desde fuera, preguntar: ¿Por qué no se van? ¿Por qué siguen ahí, aferradas a algo que claramente las destruye? Pero la respuesta es mucho más compleja. Las relaciones tóxicas no comienzan con el abuso explícito; al principio, suelen ser embriagadoras, dulces, llenas de promesas y encanto. La persona tóxica crea una ilusión, teje una telaraña emocional de la que es difícil escapar. Poco a poco, empiezan a surgir los signos: los pequeños controles, las manipulaciones sutiles, los comentarios que erosionan la autoestima. Pero para entonces, la víctima ya está emocionalmente invertida.

El abuso emocional, psicológico o físico tiene la capacidad de distorsionar la realidad de quien lo sufre. Las personas atrapadas en relaciones así a menudo experimentan una confusión profunda. El abuso no es constante; los momentos de amor, disculpas y arrepentimiento actúan como un narcótico emocional. El abusador puede ser encantador, arrepentido e incluso vulnerable a veces, lo que mantiene viva la esperanza de que el monstruo cambie, de que la relación vuelva a ser lo que fue. Pero esos momentos son solo espejismos que perpetúan el ciclo de la dependencia y el control.

Lo más devastador de una relación tóxica es cómo puede redefinir el concepto de amor para quien la sufre. El amor, en su esencia, debería ser refugio, apoyo, crecimiento mutuo. En cambio, en una relación tóxica, el amor se convierte en algo doloroso, angustiante y caótico. La víctima llega a asociar el amor con el sufrimiento, lo que dificulta aún más el rompimiento. La violencia psicológica es capaz de desdibujar los límites entre lo que es normal y lo que no, entre lo que se merece y lo que se soporta.

Salir de una relación tóxica es un proceso largo y doloroso. Requiere primero reconocer que se está en una situación abusiva, algo que no siempre es fácil, pues el abuso puede ser tan gradual que, cuando te das cuenta, ya estás atrapado. Además, se necesita un apoyo externo sólido, ya que el abusador tiende a aislar a la víctima de su entorno, haciéndola sentir que no tiene a dónde recurrir.

Es fundamental entender que no se trata de debilidad o de falta de voluntad. Las personas que sufren en relaciones tóxicas no son adictas al dolor, simplemente están atrapadas en un ciclo de manipulación y control. La sociedad a menudo juzga sin comprender, pero lo que estas personas necesitan no es crítica, sino empatía y apoyo.

El primer paso hacia la libertad es reconocer que el amor no debería doler. Que ninguna relación vale la pena si implica perderte a ti misma en el proceso. El amor sano edifica, cuida, respeta. Salir de una relación tóxica no es fácil, pero es posible. Es un viaje que empieza con pequeñas decisiones: poner límites, pedir ayuda, recuperar tu identidad y, finalmente, redescubrir lo que realmente significa amar sin miedo.


martes, 24 de septiembre de 2024

"Bellum Ultimum" (La guerra final)

 

Capítulo 20: El Último Suspiro del Amor




Diario de Él: Nyx

25 de noviembre

No sé cuándo todo empezó a desmoronarse, cuándo perdí las riendas, pero sé que está ocurriendo. Desde hace días, cada cosa a mi alrededor parece desmoronarse. No puedo dormir. Todo me parece extraño, como si hubiera algo en el aire que no logro ver pero que me acecha. Las paredes de mi mundo, de mi mente, se están cerrando. He notado cosas. Mensajes sin remitente, fotografías mías en lugares que no reconozco. Es como si Lyra supiera más de mí de lo que yo mismo sé.

Hoy encontré algo que me rompió. Mi reloj... el que creí haber perdido. Pero no estaba en el apartamento, estaba en su bolso. Lyra siempre ha sido meticulosa, pero ahora entiendo que no se trataba de una simple pérdida. Ella lo tenía, lo ha tenido todo el tiempo. Y ahora lo veo claro: está jugando con mis sentimientos. Ya no es la mujer sumisa que creía conocer.

Decidí enfrentarla hoy, mañana sería demasiado tarde. Sabía que no podía seguir permitiendo esta farsa, esta manipulación sutil. Cuando llegué a su casa, ella estaba serena, más tranquila de lo que debería. Algo no encajaba. Pero antes de que pudiera decir una palabra, ella me miró con una sonrisa que me hizo estremecer.

—Nyx, ¿por qué no te sientas? —dijo, como si yo fuera un invitado en su propia vida.

Mis piernas se movieron antes de que pudiera pensarlo. Me senté. ¿Qué me está pasando? No podía controlarme. Era como si sus palabras me guiaran, como si todo lo que alguna vez fui se disolviera en ese instante.


Diario de Ella: Lyra

25 de noviembre

Hoy es el día. Llevo meses esperando este momento. Nyx pensó que me había destruido, que podía manipularme y quebrarme. Pero no entendió que cada uno de sus movimientos me fortalecía. Cada mentira, cada manipulación, cada gesto de superioridad fue un ladrillo más en el muro que construí para esta venganza.

Todo ha sido calculado, desde las pequeñas grietas en su mente hasta las pistas que cuidadosamente fui dejando. Nyx nunca ha estado en control. Yo fui moldeando su realidad poco a poco, envolviéndolo en su propia red de mentiras hasta que no pudiera distinguir entre lo que era real y lo que no. Las fotos, los mensajes, los objetos “perdidos”. Todo lo que hice lo empujó un paso más cerca del abismo. Y ahora, finalmente, está listo para caer.

Cuando entró hoy, supe que el momento había llegado. Lo observé con una mezcla de satisfacción y compasión. Porque lo que voy a hacerle es justo. Es la consecuencia de cada vez que me hizo sentir pequeña, de cada palabra que me hirió y de cada noche que pasé atrapada en su manipulación.

—Nyx, ¿por qué no te sientas? —dije suavemente.

Vi cómo su rostro cambiaba. No lo entendía. Por primera vez, sentí que era yo quien tenía el control absoluto. Sabía que el sedante que había mezclado en su bebida empezaría a hacer efecto. Se sentó, y su mirada comenzó a nublarse, pero aún intentaba hablar, intentaba resistirse.

—¿Qué me has hecho? —susurró, con la voz temblorosa.

—Te estoy mostrando lo que realmente es el amor —le dije, sin perder mi calma. Mi voz era un eco de todo lo que él me había dicho, solo que ahora la balanza estaba a mi favor.

Me acerqué lentamente, dejando que sintiera el peso de cada segundo. En la mesa frente a él, coloqué el sobre que contenía todos los secretos de su vida que he recolectado. Lo que verá en ese sobre lo destruirá. Lo hará caer no solo ante mí, sino ante todos los que alguna vez lo admiraron. Su trabajo, su reputación, su vida social, todo se desmoronará.

—En ese sobre está tu final, Nyx. No solo ante mí, sino ante todos. Ya no podrás manipular a nadie. He enviado copias a tus amigos y a tus socios. Todo lo que alguna vez hiciste, todo lo que escondiste, los nombres de todas las mujeres a las que destruíste serán expuestos al fin.

Lo vi intentar levantarse, pero sus piernas no respondían. El sedante lo mantenía consciente pero sin control sobre su cuerpo. Iba a ver su destrucción, pero no podría hacer nada al respecto.

—¿Por qué...? —fue lo último que consiguió murmurar.

—Porque aprendí de ti, Nyx. Y ahora, tú serás quien viva con el peso de tus propias decisiones. Quien mata con crimen, con crimen perece. —Mi voz no tembló. Me incliné y dejé un último beso en su frente. El beso envenenado.

Me di la vuelta, dejándolo solo con sus pensamientos, sus miedos y la inevitable caída que le esperaba. Ya no había más palabras que decir. Mi venganza había sido ejecutada con precisión, y ahora era él quien se enfrentaba a la oscuridad que tanto disfrutaba infligir.

domingo, 22 de septiembre de 2024

"Qui gladio ferit, gladio perit" (Quien a hierro mata, a hierro muere)

 

Capítulo 19: El Teatro del Amor Oscuro


Diario de Él: Nyx

20 de noviembre

Hoy... todo cambió. Ni siquiera sé cómo explicar lo que está pasando. Me siento atrapado en una pesadilla que no puedo controlar, ni siquiera interpretar. Me desperté esta mañana y había una caja negra en la puerta. Una caja pequeña, inofensiva a primera vista, pero dentro había algo que me hizo temblar: mi reloj. Mi maldito reloj de muñeca. Lo había perdido hace semanas y lo di por desaparecido. ¿Cómo llegó ahí?

No era solo el reloj. Había una llave antigua en la caja, con un simple mensaje: "Esta es tu última oportunidad." Mi mente se está enredando. Intenté ignorarlo, pero la presión en mi pecho no se fue en todo el día. Todo es confuso, y no estoy acostumbrado a sentir esto. ¿Qué está tramando Lyra?

Por la tarde, me encontré conduciendo sin rumbo hasta que llegué al lugar que asocié con la llave. Una mansión abandonada a las afueras de la ciudad, un lugar que solíamos pasar por alto cuando las cosas entre nosotros eran normales. Ya no sé lo que es normal. Todo me parece distorsionado.

El edificio era grande, antiguo, rodeado de árboles. Al entrar, la oscuridad me envolvió. No había ruido, solo mi respiración pesada. Caminé por los pasillos, cada paso un eco que parecía alejarme más de la realidad. Las habitaciones estaban vacías, pero había huellas en el polvo, como si alguien más hubiera estado aquí. Sabía que tenía que seguirlas.

Al final de un largo corredor, una única puerta entreabierta. Dentro, una habitación llena de espejos. Y allí, en el centro, una figura de espaldas. Su vestido negro y su cabello caían sobre sus hombros, pero algo en la forma en que se mantenía erguida me dijo que no era Lyra.

—Lyra... —dije, pero la figura no respondió. Al dar otro paso, ella se giró, y lo que vi me hizo detener el corazón. No era ella. Era una figura con una máscara, y en la mano, un sobre que me tendió sin hablar.

Cuando lo abrí, una única frase: "Has sido observado todo este tiempo."


Diario de Ella: Lyra

20 de noviembre

La caza ha comenzado. Durante meses, lo he estado desnudando lentamente, sin que él lo notara. Nyx pensaba que podía romperme, pero ahora, es él quien está cayendo en su propia trampa. Lo llevé a la mansión, un lugar que elegí por lo que representa: el final de sus juegos y el inicio de mi verdadera venganza.

Él cree que está solo, pero lo he estado observando desde el momento en que cruzó la puerta. La habitación de los espejos... esa fue mi obra maestra. En cada espejo, escondí cámaras. Quería que viera su propia fragilidad desde todos los ángulos posibles, pero sin que lo supiera. Todo lo que haga a partir de ahora está siendo registrado. Esto no es solo venganza. Esto es control total.

Pero aún no sabe la mejor parte. Esa figura que vio no era yo, era solo una pieza más de mi juego. Un recordatorio de que ya no tiene poder sobre nada, ni siquiera sobre su propia mente. La paranoia lo devorará. Le he hecho creer que está siendo observado por algo más grande, algo que no puede entender. Y la desesperación comenzará a desgarrarlo por dentro.

No hay escapatoria, Nyx. Este es mi teatro, y tú solo eres un actor que desconoce el guion.


jueves, 19 de septiembre de 2024

"Osculum venenosum" (El beso envenenado)

 


Capítulo 18: El Juego Mortal del Amor


Diario de Él: Nyx

4 de noviembre

Nunca pensé que sentiría esto... una sensación de pérdida de control, aunque solo fuera por un segundo. Todo ha cambiado de forma tan súbita que, por primera vez, empiezo a dudar. Lyra ya no es la misma, y eso me enferma y fascina a partes iguales.

Hoy la vi como nunca antes. No con miedo. No con sumisión. Había algo en sus ojos... una oscuridad que no le había visto jamás. Me miraba, pero no como alguien derrotado. Y eso, eso es lo que me hizo hervir por dentro.

Decidí que esta noche sería diferente. No más juegos de manipulación suave. Quería confundirla de una vez por todas, destruir cualquier resto de independencia que pudiera quedarle. Le preparé una cena en mi apartamento, pero esta vez el ambiente era distinto. Las luces bajas, la atmósfera pesada... todo calculado. Mientras la observaba sentarse a la mesa, podía sentir el odio y el deseo entrelazados. Un deseo de poseerla completamente, de reducirla a lo que siempre ha sido para mí: un reflejo de mi poder.

—¿Sabes, Lyra? El amor es solo una máscara para algo más profundo —le dije, con una sonrisa que sabía que la desarmaría. Pero esta vez, no lo hizo.

Ella no se movió, no se inmutó. Simplemente me miró, y en ese momento, vi algo en ella que nunca había visto antes: confianza. Me asusté.


Diario de Ella: Lyra

4 de noviembre

Hoy todo va a cambiar. Me he pasado semanas fingiendo. Semanas preparando cada pequeño detalle para este momento. Nyx cree que todavía tiene control sobre mí, pero no sabe lo que realmente he estado tramando. Ya no soy la mujer que solía ser. Él me hizo así, y hoy pagará por cada una de las cicatrices invisibles que ha dejado.

Cuando me senté a la mesa, lo noté. Su arrogancia. Esa misma sonrisa que solía reducirme al silencio, pero esta vez no sentí miedo. Sentí algo más oscuro, algo más fuerte. Lo dejé hablar, observando cómo creía que sus palabras seguían teniendo el mismo efecto en mí. Pero ya no.

—¿Sabes, Lyra? El amor es solo una máscara para algo más profundo —dijo, con esa voz venenosa.

Sonreí, porque ahora era yo la que llevaba la máscara. Y esta vez, el juego es mío.

El plan ya estaba en marcha. Había sido paciente, calculadora. Todo estaba en su lugar. Lo observé beber el vino que cuidadosamente había preparado, y dentro de mí, sentí la satisfacción de saber lo que ocurriría después. Lo había envenenado, no lo suficiente para matarlo, sino para empezar a debilitar su control. Algo sutil, que poco a poco comenzaría a hacer efecto.

—¿Te sientes bien, Nyx? —le pregunté con una dulzura calculada. El desconcierto en su rostro fue el primer indicio de que algo no iba bien.

Lo vi levantar la mano para coger su copa de vino nuevamente, pero la mano le temblaba. Fue entonces cuando entendió. Vi el pánico crecer en sus ojos.

—¿Qué has hecho? —me preguntó, con una voz que ya no era firme, sino rota.

—No todo es lo que parece, Nyx —le dije, mientras su cuerpo empezaba a sentir los primeros efectos.

Esta vez, yo soy la que tiene el control.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

"Amor et Dementia" (Amor y locura)

 

Capítulo 17: El Rostro Macabro del Amor


Diario de Él: Nyx

29 de octubre

Esta vez, he llegado demasiado lejos. Incluso para mí, lo que ocurrió la última vez fue un desliz inesperado. Me vi a mí mismo fuera de control, algo que no me había permitido desde que todo esto empezó. Pero no puedo mostrar debilidad ahora. El poder que tengo sobre Lyra sigue intacto, aunque la grieta en su mirada me preocupa.

Ella me desafió de manera sutil, pero lo hizo. Esa chispa en sus ojos no me gusta. Por un momento, me vi a mí mismo perdiendo el control, y eso no es aceptable. No en mi mundo. No conmigo. Esta relación es mía, todo lo que ella es me pertenece, y si tengo que destruirla para que lo entienda, lo haré.

Hoy decidí hacer una visita sorpresa, pero con un enfoque diferente. Me acerqué a su casa sin previo aviso, con una tranquilidad que disimulaba el caos que hervía en mi interior. Sabía que algo estaba cambiando en ella, pero no me importa. Si es necesario, la quebraré para volver a moldearla.

Cuando entré en su apartamento, todo estaba en orden, como siempre. Pero esta vez, no sentí la satisfacción de tener todo bajo control. Algo estaba mal, y no tenía que ver con el entorno. Era ella. La noté más distante, fría. No la Lyra dócil que siempre busca mi aprobación, sino alguien que estaba tratando de ocultar algo. Me acerqué lentamente, manteniendo la calma, pero por dentro el malestar crecía. Su silencio, sus movimientos cuidadosos, como si caminara sobre cristales. Esa chispa de desafío que vi en sus ojos, aunque mínima, me irritaba profundamente. No podía permitir que siguiera creciendo. Tenía que cortarla de raíz, antes de que ella pudiera encontrar una salida.

—¿No piensas decir nada? —le dije en un tono tan bajo que lo sentí reverberar en la habitación.

Ella levantó la mirada, sorprendida, pero no respondió. Ese silencio me enfurece. Yo soy la única voz que debe escucharse aquí.


Diario de Ella: Lyra

29 de octubre

Nunca lo había visto así. Nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Nyx siempre ha tenido ese control suave, esa forma de hacerme sentir pequeña sin levantar la voz. Pero hoy, fue diferente. Hoy lo vi… por lo que realmente es.

Entró en mi casa sin avisar, como siempre hace, pero esta vez, algo en él estaba fuera de lugar. Sabía que lo de la otra noche había encendido algo en él, pero no estaba preparada para lo que venía.

El apartamento parecía perfecto, como siempre. Pero dentro de mí, todo estaba al borde del colapso. Cada cosa en su sitio, cada detalle impecable, como si intentara aferrarme a una normalidad que ya no existía. Sentía que, en cualquier momento, todo se rompería, y yo caería con ello. Mientras intentaba concentrarme en ordenar un par de papeles, escuché la puerta abrirse. Un escalofrío recorrió mi espalda. Sabía que era Nyx. Y su presencia llenaba el espacio de una tensión que me dejaba inmóvil, incapaz de hacer nada más que esperar lo inevitable.

Cuando me habló, su voz era diferente, más baja, pero mucho más peligrosa. El tono de alguien que está al borde de perder el control.

—¿No piensas decir nada?

El silencio entre nosotros era asfixiante. Sabía que lo que dijera podría empeorar las cosas, pero no podía seguir callada. No esta vez.

—No puedo seguir así, Nyx —dije finalmente, mi voz temblorosa pero firme. No sé de dónde saqué las palabras, pero salieron antes de que pudiera detenerlas.

Vi su rostro cambiar. No era la respuesta que él esperaba. Algo en él se rompió. Sus ojos se oscurecieron y dio un paso hacia mí, un movimiento tan sutil, pero que sentí como un golpe en el estómago.

—¿Cómo dices? —respondió, con una calma que solo aumentaba mi terror.

Quise dar un paso atrás, pero estaba atrapada entre la pared y su presencia. No tenía salida. Intenté explicarme, pero él no escuchaba. No lo haría. Lo supe en ese momento. Estaba furioso, pero no de la manera que la gente suele mostrar su ira. No. Nyx es el tipo de persona que controla su rabia, que la guarda para cuando pueda usarla como un arma. Y hoy, me di cuenta de que yo era el objetivo de esa arma.

—Sin mí no eres nada, Lyra. Nada. No tienes a dónde ir. ¿O es que ahora crees que puedes vivir sin mí? —Su tono era suave, pero las palabras golpeaban como puños.

Cada una de esas palabras me debilitaba, pero también encendía algo dentro de mí. No sé qué era. Tal vez era esa chispa de la que no puedo deshacerme, la que sigue creciendo a pesar de todo.

—No soy tuya, Nyx. —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerme.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito. Nyx me miró, y vi el cambio en su rostro. Era como si algo en él se hubiera roto para siempre.

Se acercó más, sus manos temblaban ligeramente. El miedo que me había invadido comenzó a transformarse en algo más… en resistencia. No podía permitir que me destruyera. No después de todo esto. Pero mientras mi mente gritaba para que me defendiera, mi cuerpo estaba congelado.

martes, 17 de septiembre de 2024

"Donec mors nos separabit" (Hasta que la muerte nos separe)

 

Capítulo 16: La Verdad del Monstruo


Diario de Él: Nyx

27 de octubre

Hay límites, incluso para mí. Lyra ha cruzado el suyo. Durante semanas, he notado una chispa de rebeldía en ella. Al principio, lo ignoré, pensé que se trataba de un desliz pasajero. Pero no. Esa chispa ha crecido y hoy, por fin, explotó.

Cuando todo está cuidadosamente diseñado para funcionar a la perfección, la insubordinación es una traición. Y yo no puedo tolerarla. Esta noche, mientras la observaba en ese evento social, noté algo. Sus ojos, esa mirada que me adoraba, se desvió. Hablaba con otros hombres, se permitía sonreír, como si su mundo no dependiera completamente de mí. No pude soportarlo.

Controlar la rabia es un arte. Siempre he sabido cómo mantener mi calma, cómo manejar cada pieza del tablero. Pero esta vez... esta vez algo en mí se rompió.

Al volver al coche después de la fiesta, la tensión era palpable. El silencio entre nosotros era más denso que nunca. Mi mandíbula estaba tensa, y podía sentir el latido de mi ira en cada fibra de mi cuerpo. Sabía que si no lo enfrentaba ahora, si no la quebraba completamente, perdería el control. Y eso, bajo ninguna circunstancia, podía permitírmelo.

—¿Te divertiste? —le pregunté, con un tono que sabía que no le haría sentir segura.

Ella intentó decir algo, balbuceando, pero sus palabras no tenían sentido. Y eso me irritó más.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —mi voz ya no era tranquila, era un filo cortante—. Me haces pasar vergüenza, coqueteas con cualquiera, ¿y te quedas callada como si nada hubiera pasado? —Escupí las palabras, y vi cómo sus ojos se abrían con miedo.

El miedo que tanto tiempo he controlado en ella se hacía más tangible ahora. Y esa era la diferencia. Hoy, por primera vez, voy a dejarle claro lo que pasa cuando intenta rebelarse.


Diario de Ella: Lyra

27 de octubre

Esta noche vi algo en Nyx que me aterra más de lo que nunca imaginé. Cuando me recogió después del evento, el aire en el coche era irrespirable. Pude sentirlo. Algo en él se había roto, algo oscuro estaba emergiendo.

Todo el evento fue un desastre. Cada vez que intentaba integrarme, sentía sus ojos sobre mí, juzgándome, marcando cada movimiento que hacía. Traté de mantener la calma, de sonreír, pero dentro de mí crecía una sensación de pánico que no podía controlar. Quería ser invisible, desaparecer.

Y entonces, en el coche, todo estalló.

—¿Te divertiste? —dijo, con una frialdad que jamás había oído en su voz.

Intenté responder, pero no sabía qué decir. Sabía que lo que venía sería malo, pero no sabía hasta qué punto. Y entonces, me atacó. No físicamente, no. Pero sus palabras fueron como golpes. Me acusó de coquetear, de hacerle pasar vergüenza. Nada de eso era cierto, pero no podía defenderme. Su ira era real, tan real que me quedé paralizada. Sabía que no debía hablar. Sabía que cualquier palabra empeoraría las cosas.

Cuando llegamos a mi apartamento, no pude moverme. Me quedé sentada en el coche, temblando. Él me miró como si esperara que yo hiciera algo, pero no pude. Entonces, de repente, golpeó el volante con tal fuerza que todo mi cuerpo se tensó.

—¡Mírame cuando te hablo! —gritó, una orden que me perforó el pecho.

Mis manos temblaban mientras lo miraba. El Nyx que conocía había desaparecido. El hombre que estaba frente a mí no era el que había amado. Este era alguien capaz de hacer cualquier cosa. Y por primera vez, supe que estaba en peligro.

—No eres nada sin mí —susurró, pero esta vez no era una declaración tranquila. Era una sentencia.

Quería llorar, quería huir. Pero sabía que no podía. Me quedé allí, atrapada en su mirada, con la sensación de que mi vida había llegado a un punto de quiebre. Sabía que si no hacía algo pronto, si no encontraba una forma de escapar, no saldría de esto con vida. Pero al mismo tiempo, esa chispa dentro de mí seguía creciendo. Y aunque estaba aterrada, algo me decía que este sería el principio del fin. Que, por fin, había visto su verdadero rostro.

lunes, 16 de septiembre de 2024

"In tenebris ignis renascitur" (En la oscuridad, el fuego renace)

 

Capítulo 15: El Abismo del Desequilibrio



Diario de Él: Nyx

17 de octubre

El control es un arte. Dominar a alguien sin que lo sepa es la verdadera obra maestra, y con Lyra, la perfección de este arte está casi alcanzada. Ha llegado a un punto donde todo lo que hace, todo lo que piensa, gira en torno a mí. Sé que me necesita más que a nada en el mundo, y esa es la única verdad que importa. Aún quedan pequeñas fisuras en su resistencia, pero no me preocupa. Estoy cerrando cada grieta, una por una.

Hoy fui a verla de nuevo, después de nuestra última conversación. Puedo notar que la pregunta que le lancé en la cena sigue latiendo en su mente, devorando cualquier rastro de independencia que le quedaba. Era el momento de darle un golpe final, uno que la hiciera caer por completo en la jaula que he construido a su alrededor.

Cuando llegué a su apartamento, estaba desordenado. No era habitual en ella, siempre tan meticulosa. Pero su caos es mi señal. Está perdida, y lo sabe.

—¿Qué ha pasado aquí, Lyra? —le pregunté, con una voz que dejaba entrever decepción. Quería que sintiera que su fracaso no era solo ante mí, sino ante sí misma.

Ella me miró como si acabara de despertarse de un sueño. Vi en sus ojos lo que necesitaba ver: confusión, duda, desesperación. Pero no estaba preparado para la chispa que vi detrás de todo eso. Una chispa de resistencia.

—Nyx... esto no está bien —murmuró, como si las palabras le pesaran, pero con una convicción que no había visto antes.

Convicción. Esa palabra me hizo detenerme un segundo. No podía permitir que esa chispa creciera. Era hora de apagarla de una vez por todas.

—No sabes lo que dices, Lyra —respondí, calmado, acercándome a ella—. Todo lo que hago, lo hago por nosotros. Te he dado un propósito. Sin mí, ¿qué te queda? —solté las palabras con la seguridad de quien ya conoce la respuesta. Sabía que las dudas crecerían, y ella volvería a donde siempre ha estado: bajo mi control.


Diario de Ella: Lyra

17 de octubre

Hoy Nyx apareció de nuevo, como si nada hubiera cambiado. Como si no me estuviera desmoronando desde la última vez que me dejó con esa maldita pregunta: ¿Qué sería de mí sin él? Desde entonces, no he podido pensar en otra cosa. Mi mente es una tormenta de dudas, preguntas y miedos que no puedo controlar. Todo en mi apartamento refleja ese caos.

Cuando lo vi entrar, mi cuerpo se tensó. Algo en mí quería que se fuera, que me dejara en paz por un momento. Pero como siempre, su presencia me atrapó, como si me envolviera en esa mezcla de miedo y dependencia que me ha tenido bajo su control desde el principio.

Él lo notó. Notó el desorden, el desastre. Y como siempre, su mirada fue una mezcla de decepción y superioridad. Pero hoy algo era diferente. Algo dentro de mí se revolvió.

—Nyx... esto no está bien —logré decir, con la voz temblando. Ni siquiera sabía de dónde había sacado el valor para hablar.

Sus ojos se endurecieron por un segundo, pero luego volvió a ser el Nyx que siempre es: controlado, perfecto. Se acercó a mí con esa calma imperturbable, y cada palabra que dijo me golpeó como una avalancha.

—No sabes lo que dices, Lyra. Todo lo que hago, lo hago por nosotros. Te he dado un propósito. Sin mí, ¿qué te queda?

Las palabras resonaron en mi cabeza. ¿Qué me queda? Al principio, sentí que se hundían en mí como siempre, que me robaban el aliento. Pero esta vez... algo no estaba igual. Algo en mí empezó a arder, una pequeña chispa que no podía ignorar más.

Me quedé mirándolo, en silencio, sintiendo el peso de su control, pero también dándome cuenta de algo: esa chispa no era nueva. Siempre ha estado ahí, escondida, enterrada bajo su dominio, pero seguía viva. Y ahora, empezaba a crecer.

No respondí. No podía. Mi mente era un campo de batalla. Todo lo que quería era gritarle que estaba equivocado, que no soy nada de lo que él piensa, que no puede controlarme más. Pero no lo hice. No, no aún. El miedo me atenaza. Aún no sé si estoy lista para enfrentar todo lo que implica liberarme de él.

Nyx me miró, esperando una respuesta, pero esta vez no la tuvo. Se fue, como siempre, dejando tras de sí un vacío aplastante. Pero mientras la puerta se cerraba, la chispa dentro de mí seguía brillando. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que esa chispa podía ser el principio de algo más grande.

domingo, 15 de septiembre de 2024

"Nihil sum sine te" (No soy nada sin ti)


 Capítulo 14: Sombras de Posesión


Diario de Él: Nyx

14 de Octubre

El poder es algo que se toma, no se pide. Y el verdadero poder está en la mente, en el control silencioso, casi imperceptible, que ejercemos sobre las personas. Esta es la razón por la que Lyra nunca podrá escapar de mí. Porque no necesita cadenas físicas, su mente ya está atrapada, moldeada a mi imagen.

 Hoy decidí probar algo diferente. A lo largo de las últimas semanas, he visto cómo su inseguridad ha crecido, cómo se ha vuelto más dependiente de mi aprobación. Es exactamente lo que quería, pero también es hora de que entienda algo importante: su vida sin mí no tiene valor. Soy el centro de todo lo que es, y necesito que lo sienta.

 Llamé a Lyra y le dije que quería cenar con ella en un restaurante elegante, uno de esos lugares donde todo tiene un brillo especial, donde la atmósfera grita perfección. Quería que todo pareciera un sueño, una velada ideal. Ella, por supuesto, aceptó de inmediato, como siempre lo hace. La vi sonreír cuando la recogí, pero su sonrisa estaba teñida de una duda que no podía ocultar. Algo en ella está roto, y eso es justo lo que necesito para mantenerla bajo control.

 Durante la cena, mantuve las cosas ligeras al principio, haciéndola sentir cómoda. Pero después del segundo plato, hice mi movimiento. Miré a mi alrededor, observando a las parejas felices a nuestro alrededor, y entonces la miré directamente a los ojos, con una expresión que sabía que la descolocaría.

 —¿Alguna vez te has preguntado qué sería de ti sin mí? —le dije, dejando caer la pregunta con toda la sutileza del filo de una daga.

 Su reacción fue perfecta. Vi la tensión en su rostro, la duda, el miedo. Y en ese momento supe que había plantado una semilla que crecería hasta consumirla.


Diario de Ella: Lyra

14 de octubre

Hoy Nyx me llevó a cenar, y todo comenzó como un cuento de hadas. El restaurante era perfecto, uno de esos lugares que te hacen olvidar el mundo exterior, que te envuelven en una burbuja de lujo. Me había preparado con cuidado, queriendo estar a la altura, queriendo ser la mujer que él siempre dice que soy.

Al principio todo fue como siempre, tranquilo, amable. Pero había algo en su manera de mirarme que me ponía nerviosa. Sentía que me estaba evaluando en cada segundo, como si estuviera buscando algo, algún defecto invisible que solo él pudiera ver.

Y luego, lo dijo.

—¿Alguna vez te has preguntado qué sería de ti sin mí?

La pregunta me cayó como una losa. Me dejó helada. No pude evitarlo, lo primero que pensé fue: Nada. No sería nada. Porque la verdad es que no sé quién soy sin él. Desde que estamos juntos, todo lo que hago, todo lo que soy, gira en torno a su persona. Nunca había visto las cosas tan claramente como ahora, en este instante, en medio de este restaurante tan perfecto. Cuando no está me siento vacía.

Intenté sonreír, fingir que la pregunta no me había afectado, pero mi mente estaba en caos. ¿Qué sería de mí sin Nyx? No puedo imaginarlo. Antes de él, tenía una vida, tenía sueños, pero ahora todo parece borroso, como si esos recuerdos pertenecieran a otra persona.

Le dije algo vago, algo que apenas pude articular, y Nyx simplemente me observó, con esa calma suya que me hace sentir diminuta. Él lo sabe. Sabe que no puedo vivir sin su presencia, que mi mundo se ha reducido a sus palabras, a su aprobación, a sus deseos.

El resto de la noche fue una niebla para mí. Apenas recuerdo lo que comí, lo que dije. Todo lo que podía oír en mi mente era su pregunta, retumbando como un eco interminable. Me siento atrapada, como si no hubiera salida. Porque la verdad es que no sé quién soy cuando no está. No sé si puedo ser alguien sin él.

Cuando me dejó en casa, me dio un beso en la mejilla, como si todo estuviera bien. Como si no acabara de hundirme en la peor de mis inseguridades. Me quedé mirando la puerta después de que se fue, incapaz de moverme, sintiendo que todo mi ser se derrumbaba.


sábado, 14 de septiembre de 2024

"Mentis labyrinthe inclusa" (Encerrada en el laberinto de la mente)

 
Capítulo 13: La Jaula Invisible



Diario de Él: Nyx

10 de octubre

Lo más fascinante de las relaciones es lo moldeables que pueden ser cuando sabes exactamente cómo controlar cada pieza. Lyra ha sido una estudiante interesante en este proceso. Lo que más aprecio es su necesidad de complacerme, de querer ser la mujer perfecta que yo sé que puede llegar a ser. Pero últimamente, he notado una pequeña chispa de duda en sus ojos. Y eso no puede ser tolerado. No cuando he invertido tanto en ella.

Hoy decidí llevar las cosas un paso más allá. A veces, para mantener la armonía, es necesario crear caos primero. Llegué a su apartamento sin avisar, como suelo hacer cuando quiero sorprenderla. Pero esta vez, no era solo una visita. Esta vez, iba a poner en marcha algo más grande. Algo que la quebraría en el punto exacto donde yo pudiera reconstruirla a mi manera.

Entré, y desde el primer momento supe que algo estaba mal. Podía sentirlo en el ambiente, como si ella estuviera esperando que algo ocurriera, pero no de manera agradable. No era miedo lo que percibía, era algo más profundo: un temblor de inseguridad.

—¿Por qué estás tan callada, Lyra? —le pregunté, mientras caminaba por el salón, inspeccionando su casa, como si buscara un defecto oculto en el ambiente.

Ella intentó sonreír, pero su sonrisa era forzada, como si algo dentro de ella estuviera a punto de romperse. Me acerqué, la tomé del mentón y la obligué a mirarme a los ojos.

—¿Sabes lo que más me molesta? —dije, con una frialdad que no podía disimular— Que me ocultes cosas. Sé que no eres honesta conmigo.

Vi el pánico crecer en su mirada, esa pequeña chispa de miedo que tanto me alimenta. Sabía que con esa simple acusación la había desestabilizado por completo. Era como si la hubiera arrancado de su equilibrio. Pero eso es lo que quería.

—¿Qué? No te estoy ocultando nada, Nyx. No entiendo... —dijo, su voz temblorosa, mientras intentaba recomponerse.

Le di la espalda, dejándola en el borde de esa incertidumbre, mientras yo paseaba por su salón. Toqué objetos en su casa, moví cosas, desordené pequeños detalles, como si estuviera marcando mi territorio.

—Lo sé todo, Lyra. No pienses que puedes ocultarme nada. Conozco cada detalle de tu vida, hasta lo que tú misma has olvidado —dije, con un tono seco. No necesitaba más explicaciones. Quería que sus pensamientos dieran vueltas, que no supiera dónde estaba la verdad y dónde comenzaban sus propios temores.


Diario de Ella: Lyra

10 de octubre


Hoy sentí que todo se rompía. Nyx llegó sin avisar, algo que en el pasado habría encontrado encantador. Pero esta vez, fue diferente. Desde el momento en que entró, sentí que estaba buscando algo, como si supiera que yo había hecho algo mal, aunque no tenía idea de qué.

Su mirada, esa fría, calculada manera de observarlo todo, me hacía sentir como si hubiera una bomba a punto de explotar. Y cuando lo dijo, cuando lanzó esa acusación sin sentido de que le estaba ocultando cosas, sentí que mi corazón se detenía. ¿Qué quería decir? No le oculto nada, no hay nada que yo pudiera haber hecho que lo molestara.

Intenté mantener la calma, pero mi voz temblaba.

—No te estoy ocultando nada, Nyx —le dije, con la esperanza de que eso fuera suficiente, pero sabía que no lo era.

Entonces vi lo que hizo. Comenzó a moverse por mi casa, tocando las cosas, moviéndolas, desordenando pequeños detalles. Era como si estuviera marcando un territorio que no le pertenecía. Vi cómo colocaba mi taza favorita en otro lugar, cómo tomaba los libros de mi estantería y los desordenaba. Era tan sutil, pero al mismo tiempo tan devastador. Era como si quisiera dejarme claro que no tenía control sobre mi propia vida. Que todo lo que creía mío, en realidad le pertenecía a él.

Mi mente estaba llena de confusión. Su acusación seguía resonando en mi cabeza. "Te oculto cosas." No, no era verdad. Pero cuanto más lo repetía en mi cabeza, más empezaba a dudar de mí misma. ¿Y si estaba haciendo algo sin darme cuenta? ¿Y si realmente había hecho algo mal?

Cuando me miró de nuevo, no pude sostener su mirada. Sentí que me ahogaba en la culpabilidad, una culpabilidad que ni siquiera entendía. Mi vida entera estaba bajo su control, y ni siquiera me daba cuenta de cuándo empezó a ocurrir.

Me senté en el sofá, sintiéndome pequeña, insignificante, mientras él seguía caminando por la habitación como si nada de esto le afectara. Y entonces, lo dijo.

—Estás perdiendo el control, Lyra. Pero no te preocupes, yo estoy aquí para mantenerte en línea.

Esas palabras fueron un golpe directo a mi mente. Era como si estuviera dándome una sentencia, como si mi vida ya no estuviera bajo mi control, sino en sus manos. Y lo peor es que, en ese momento, sentí que era verdad. Ya no podía distinguir lo que era real de lo que él me había hecho creer. Y eso... eso era lo que me aterraba más que nada.



miércoles, 11 de septiembre de 2024

"Cum amor in venenum vertitur" (Cuando el amor se convierte en veneno)

 
Capítulo 12: Ecos de Traición



Diario de Él: Nyx

2 de octubre

Esta noche fue reveladora, aunque no del todo inesperada. Siempre he sabido que las personas necesitan equilibrio para que las cosas funcionen, un equilibrio que a veces requiere un pequeño ajuste. Las cosas con Lyra se habían estancado un poco, notaba cierta resistencia en su actitud últimamente. Quizás sea mi culpa por haberla dejado demasiado libre, pero he encontrado una forma de restablecer el control.

Invité a Sophie, una antigua conocida, a una cena donde Lyra también estaría. Sophie es la clase de mujer que sabe cómo manejar una habitación, su presencia siempre llamativa, y sabía que provocaría una reacción en Lyra. Lo hice intencionalmente. Quería ver cómo respondería Lyra, quería que sintiera una ligera amenaza. No porque Sophie fuera una competencia real, sino porque Lyra necesita recordar su lugar.

Cuando llegamos al restaurante, Sophie ya estaba allí, sentada en la barra, luciendo espectacular en un vestido rojo que claramente llamaba la atención. Saludé a Sophie con una calidez que no suelo mostrar en público, y noté cómo Lyra se tensaba. Esa tensión me dio exactamente lo que necesitaba. Durante la cena, me aseguré de dirigir gran parte de la conversación hacia Sophie, riendo de anécdotas que Lyra no conocía, mostrando una complicidad que estaba diseñada para hacerla sentir incómoda.

Al principio, Lyra intentó mantener la compostura, pero a medida que avanzaba la cena, podía notar cómo sus ojos comenzaban a buscar respuestas que no llegarían. Y justo cuando pensaba que ya había alcanzado su límite, lancé la chispa que sabía que prendería.

—Sophie, ¿te acuerdas de aquella vez en París? —dije, casi despreocupadamente.

La forma en que Lyra me miró fue suficiente para hacerme saber que el veneno estaba funcionando.


Diario de Ella: Lyra

2 de octubre

Esta noche fue… humillante. No sé de dónde salió Sophie ni por qué Nyx decidió invitarla a nuestra cena, pero desde el momento en que la vi, supe que algo no estaba bien. Era como si él estuviera jugando a algo que yo no comprendía del todo. Sophie, con su vestido rojo y su confianza arrolladora, se robó la noche. Nyx apenas me miraba. Toda su atención estaba puesta en ella, y eso me dejó helada.

Durante toda la cena, apenas pude decir una palabra. Intenté integrarme, pero Nyx no dejó de hablar con Sophie, como si yo no estuviera allí. Y entonces mencionó algo sobre un viaje a París, un viaje del que nunca me había hablado. Mi mente se nubló. ¿Cuándo fue esto? ¿Por qué nunca lo mencionó? Cada vez que intentaba intervenir, Nyx simplemente sonreía, como si nada tuviera importancia, como si yo fuera la que estaba exagerando.

Al final de la noche, cuando Sophie se despidió con un beso en la mejilla de Nyx, apenas pude mantener la compostura. En el coche, de camino a casa, mi cabeza no dejaba de dar vueltas. ¿París? ¿Qué viaje fue ese? Cuando lo confronté, su respuesta fue un golpe directo:

—Estás exagerando, Lyra. Fue hace años, antes de que estuviéramos juntos. No sé por qué te pones así —dijo, con una calma desconcertante.

Su frialdad me hizo sentir como si todo fuera una mentira, como si mis emociones no tuvieran sentido. Me hizo dudar de mi propia reacción. ¿Estaba exagerando? ¿Es normal sentirse así? Sophie no parecía haber hecho nada fuera de lugar, y Nyx actuaba como si mi reacción fuera irracional.

Pero la verdad es que, por primera vez, sentí que había una parte de la vida de Nyx que no conocía. Algo oculto, algo que él no me está diciendo, y por mucho que intente decirme que estoy imaginando cosas, sé que hay algo más. Y ahora no puedo dejar de pensar en ello. ¿Qué es lo que realmente está pasando? ¿Me está engañando? O peor aún, ¿me estaré volviendo loca?

martes, 10 de septiembre de 2024

"Paulatim frangor in silentio" (Poco a poco, me rompo en silencio)

 
Capítulo 11: Ecos de una Verdad Oculta


Diario de Él: Nyx

25 de septiembre

Esta semana ha sido interesante. He notado algo en Lyra, un ligero cambio en su actitud, pero no es nada que me preocupe. De hecho, creo que es parte del proceso. A veces, cuando alguien se está transformando, hay una cierta resistencia interna, una confusión sobre lo que solían ser y lo que están destinadas a ser. Eso es normal. Lo importante es que sigo aquí para guiarla.

Hoy, mientras estábamos en su apartamento, me di cuenta de que había cambiado la disposición de algunos muebles, incluyendo el espejo que le regalé. Lo movió a otra esquina, donde la luz no lo iluminaba como antes. Una decisión curiosa, pero no se lo mencioné de inmediato. Quería ver hasta dónde llegaba esta pequeña demostración de independencia.

Pasamos la tarde en silencio, lo cual es inusual para ella. Normalmente siempre tiene algo que decir, algún comentario o historia. Esta vez, sin embargo, se mantuvo tranquila, casi distante. Pude notar que había algo en su mente, algo que no compartía conmigo, y eso me inquietó. Lyra y yo somos un equipo. No hay espacio para secretos, especialmente cuando soy yo quien tiene la visión clara de lo que necesitamos.

Al caer la noche, mientras cenábamos, le mencioné el cambio en la habitación.

—Noté que moviste el espejo. Es curioso, me gustaba más donde estaba antes, con la luz natural —le dije, con una sonrisa. No era una crítica, solo una observación. Quiero que entienda que las pequeñas cosas son importantes, que todo tiene un lugar y una razón.

Ella levantó la vista y asintió, pero no dijo nada. Solo se encogió de hombros, como si no importara. Esa pequeña chispa de independencia, de resistencia, me sorprendió. No es que sea grave, pero es algo que tendré que vigilar. A veces las personas intentan encontrar su propio camino cuando no se dan cuenta de que ya están en el correcto.

Cuando me despedí, sentí que algo había cambiado entre nosotros. Nada irreversible, claro. Sólo un pequeño paso en una dirección que ella no comprende del todo. Pero no pasa nada, porque sigo aquí, como siempre, para asegurarme de que no se desvíe.


Diario de Ella: Lyra

25 de septiembre

Hoy moví el espejo. No fue una gran decisión, simplemente me desperté y lo sentí como algo que tenía que hacer. He estado observando mi reflejo en él desde que Nyx me lo regaló, y cada día que pasa siento que esa persona que me devuelve la mirada se parece menos a mí. Es como si mi propia imagen estuviera distorsionada, moldeada por algo que no termino de entender. Así que lo moví. Quizás esperaba sentirme un poco más yo misma si lo cambiaba de lugar.

Cuando Nyx llegó, no pareció darle demasiada importancia, pero lo mencionó durante la cena. Me dijo que le gustaba más donde estaba antes, con esa sonrisa suya que parece decir "sé lo que es mejor." Me encogí de hombros y cambié de tema, pero por dentro, sentí una pequeña chispa de incomodidad.

¿Es que todo lo que hago tiene que ser aprobado por él? ¿Cada pequeño detalle? Lo curioso es que hasta hace poco, me habría disculpado o vuelto a poner el espejo en su sitio, solo para evitar que algo tan pequeño se convirtiera en un problema. Pero esta vez, no lo hice. No porque quisiera desafiarle, sino porque estoy empezando a preguntarme si todo lo que hago está bajo su mirada crítica. Y aunque lo quiero, me asusta la idea de que nunca seré suficiente a sus ojos.

Después de que se fue, me senté frente al espejo en su nueva ubicación y me observé, tratando de encontrarme en el reflejo. Pero la imagen que vi era otra vez confusa. Mi cabello, suelto, como a él le gusta; mi ropa, cuidadosamente elegida, pensando en lo que él podría pensar. Todo parece estar alineado con lo que él espera, pero... ¿y yo? ¿Qué espero yo?

A veces me pregunto si me estoy ahogando en una relación que, aunque empezó con amor, ahora se siente como una prisión silenciosa. Pero entonces lo justifico: Nyx solo quiere lo mejor para mí. Siempre lo ha querido, ¿no? Me dice que soy brillante, que tengo potencial. Pero cada vez que me lo dice, siento que eso viene acompañado de una sombra: podrías ser mejor, podrías hacer más. Estoy agotada de intentar cumplir con esas expectativas invisibles, agotada de ajustar mi vida a su visión.

Me acosté temprano, pero el sueño no llegó. Mientras miraba el techo, no podía dejar de pensar en quién era antes de Nyx y en quién soy ahora. Y lo que me aterra es que ya no tengo respuestas claras.

lunes, 9 de septiembre de 2024

"Quis sum ego, si me ipsum non agnosco?" (¿Quién soy yo, si no me reconozco a mí misma?)

 
Capítulo 10: Más Allá del Reflejo


Diario de Él: Nyx

22 de septiembre

Hay algo fascinante en ver cómo el cambio se desarrolla lentamente en una persona, especialmente cuando sé que soy la razón de ese cambio. Desde que le regalé el espejo a Lyra, noto que algo en ella ha cambiado. Se está ajustando, adaptando a lo que yo sé que es mejor para ella. Está empezando a ver el mundo, y a sí misma, a través de mi perspectiva, y eso me reconforta.

Hoy, la invité a una cena con algunos colegas. Nada demasiado formal, solo una pequeña reunión para relajarnos y disfrutar. Lyra siempre ha sabido comportarse en este tipo de situaciones, pero noté que esta vez estaba más pendiente de mí, como si buscara constantemente mi aprobación en cada gesto, en cada palabra que decía. Me gusta esa sensación de tenerla atenta, enfocada en mis reacciones. Después de todo, es importante que ella sepa que, a mi lado, cada detalle cuenta.

Durante la cena, uno de mis colegas, Marcos, hizo un comentario sobre lo afortunado que soy de tener a alguien como Lyra. Sonreí con satisfacción, porque sé que tengo algo que muchos desean. Lyra es hermosa, brillante y, poco a poco, está alcanzando el nivel de perfección que le corresponde.

—Tienes una suerte inmensa —dijo Marcos, sin dejar de mirar a Lyra.

—Más que suerte, es que ambos sabemos lo que queremos —respondí, con una sonrisa. Aunque, en realidad, es más que eso. Yo sé lo que es mejor para ambos.

Después de la cena, mientras volvíamos a casa, le mencioné que había notado que estaba un poco callada durante la velada. Ella negó que algo estuviera mal, pero yo pude percibirlo. Le recordé suavemente que parte de su encanto es su capacidad de interactuar con los demás, de atraer la atención sin esfuerzo. No lo dije como una crítica, sino como un consejo. Porque, al final del día, quiero lo mejor para ella.

La vi asentir en silencio, pero noté la sombra de duda en sus ojos. Es algo normal en el proceso de cambio, pero sé que con el tiempo, se sentirá más cómoda siendo la mejor versión de sí misma, la versión que he ido moldeando. Es solo cuestión de paciencia.

Diario de Ella: Lyra

22 de septiembre

Hoy fui con Nyx a una cena con algunos de sus colegas. Al principio, estaba emocionada por conocer a su círculo más íntimo, pero en cuanto llegamos, comencé a sentirme fuera de lugar. No es que la gente fuera desagradable, pero había algo en el ambiente que me hacía sentir... observada, como si cada uno de mis movimientos estuviera siendo evaluado.

Me senté a su lado, pero noté que cada vez que hablaba, miraba a Nyx para asegurarme de que no estaba diciendo nada inapropiado. Me he acostumbrado tanto a su guía, a sus comentarios, que ahora dudo de mis propias palabras. Mientras cenábamos, traté de integrarme en la conversación, pero me sentía más callada de lo normal. Y, aunque intenté mantener una sonrisa, algo dentro de mí estaba inquieto.

En un momento, uno de los amigos de Nyx comentó lo afortunado que era por tenerme a su lado. Fue un cumplido, claro, pero la manera en que Nyx respondió me dejó pensando. "Ambos sabemos lo que queremos." Pero, ¿realmente sé lo que quiero? ¿O estoy tan enfocada en cumplir con sus expectativas que he perdido de vista las mías?

De regreso a casa, Nyx me preguntó por qué había estado tan callada. Intenté explicarle que me sentía un poco fuera de lugar, pero antes de que pudiera terminar, me dijo que una de las cosas que más le gustan de mí es mi capacidad para atraer a la gente. Sentí un nudo en el estómago. Sé que lo dijo con buena intención, pero la presión de estar siempre "a la altura" está empezando a afectarme más de lo que me gustaría admitir.

Cuando llegamos a casa, me miré en el espejo que me regaló, ese espejo que ahora parece tener más control sobre mi vida de lo que debería. Me arreglé el cabello, lo solté, tal como a él le gusta, y me quedé observando mi reflejo por un largo rato. Ya no estoy segura de quién es la persona que me devuelve la mirada. Esa imagen que veo, esa versión de mí misma, es la que Nyx ha construido poco a poco, pero... ¿qué queda de mí?

Me fui a la cama sintiéndome pequeña, como si hubiera perdido algo, pero no sé exactamente qué. El amor que siento por Nyx sigue ahí, pero cada día me siento más cansada, como si el esfuerzo por ser la mujer que él desea me estuviera consumiendo. Y mientras me duermo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Es esto realmente lo que quiero? ¿O estoy viviendo una vida diseñada por él?

Renacer después del dolor: Lecciones desde la LIBERTAD

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