Crisis de mediana edad y la joven esposa:
La nueva vida del Narciso moderno.
Desaparecer para ocuparse de vivir no puede ser considerado una falta por lo que no pediré perdón por estos "días de permiso".
Las
ausencias son importantes, ojalá lo hubiera sabido antes, estar demasiado disponibles
nos convierte en personas desinteresantes, en civiles grises y elementos anodinos de una
lista olvidada. En esta sociedad fría y sin sentimientos en la que nos ha tocado vivir
lo cool es ser frío, apático, superficial e ignorante. Tampoco pediré disculpas
por esto, la hipocresía no fue nunca mi punto fuerte, mi "ex otra mitad" ya era bastante falso por los dos, por tres-cientos o incluso por cuatro millones. Así era mi amor: ilimitadamente embustero.
Sed sinceros/as ya le echabais de menos, ya sentíais que os faltaba un miembro de
la familia sin mis continuas referencias. ¿Estáis interesados/as en adoptar una
serpiente?
No, no me olvidé de él, muy a mi pesar, fue una fuente de conocimiento tan
interesante para mí que es base y motor de mi movimiento.
Queréis novedades, ¿verdad? Os leo la mente....
Dejadme
que sacie esa sed tan curiosa y os cuente que sigue tan altivo y engominado
como siempre, dejadme que os cuente las últimas. ..
Pues bien, él sigue igual de insípido, pero
ahora con un nuevo barniz de superficialidad. El gym, su catedral de vanidad,
sigue siendo su lugar de culto. No hay músculo que se le escape del espejo y,
por supuesto, su reflejo es su única religión. Ahí sigue, marcando bíceps y
peinando la última gota de sudor con el mismo esmero que un pintor del
Renacimiento, mientras sus neuronas, lamentablemente, siguen en paro
indefinido.
Y cómo
olvidar su fiel compañero, su trono sobre ruedas. Ese Mercedes que ahora es
solo uno más en su colección de juguetes costosos, como si la marca del coche
pudiese estamparle la personalidad que nunca tuvo. ¡Pero ojo! Que no todo es
Mercedes. Al parecer, ha decidido diversificar su portafolio con un Rolex
deslumbrante y unos zapatos Prada que, según él, "hablan de éxito".
Yo más bien diría que sus zapatos susurran: "Tengo una crisis de mediana
edad, ayúdame".
Hablemos
de su armario, ese desfile de marcas caras que solo sirven para encubrir la
falta de sustancia. Un día lo ves con un Gucci, al siguiente con un Tom Ford,
siempre asegurándose de que la etiqueta sea más visible que su falta de
conversación interesante. Y ahí va él, el mismo pueblerino con traje caro,
caminando por la ciudad como si fuera dueño de ella, pero sin haber salido
nunca de su burbuja. Un clásico narcisista que piensa que una chaqueta de Hugo
Boss puede tapar la vacuidad de su ser.
Y si te
estás preguntando por novedades sentimentales, no te preocupes, no ha cambiado.
Solo ha cambiado de "modelo". Su nueva adquisición es una joven
veinteañera que probablemente no sabe aún qué es lo que firmó. Es como su
coche: reluciente, nueva, y destinada a aburrirse tan rápido como él cambie de
reloj. Pero eso sí, él está convencido de que ahora sí lo ha logrado, que su
nueva esposa es la confirmación de su éxito. Lo que no sabe es que la realidad
es más bien el resumen de su propia vanidad: brillante por fuera, pero hueco
por dentro.
Porque,
querido/a lector/a, si algo aprendí de mi paso por la vida con él es que un
verdadero narcisista de manual no es más que eso: un manual con portada de lujo
y contenido desechable. Así que aquí estoy, sin disculpas por las ausencias y
feliz de no tener que seguir financiando el trono de su vacío existencial, que
ahora descansa cómodamente sobre zapatos italianos.
Mil
besos,
Princesi.

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