Diario de Él: Nyx
4 de noviembre
Nunca pensé que sentiría esto... una sensación de pérdida de control, aunque solo fuera por un segundo. Todo ha cambiado de forma tan súbita que, por primera vez, empiezo a dudar. Lyra ya no es la misma, y eso me enferma y fascina a partes iguales.
Hoy la vi como nunca antes. No con miedo. No con sumisión. Había algo en sus ojos... una oscuridad que no le había visto jamás. Me miraba, pero no como alguien derrotado. Y eso, eso es lo que me hizo hervir por dentro.
Decidí que esta noche sería diferente. No más juegos de manipulación suave. Quería confundirla de una vez por todas, destruir cualquier resto de independencia que pudiera quedarle. Le preparé una cena en mi apartamento, pero esta vez el ambiente era distinto. Las luces bajas, la atmósfera pesada... todo calculado. Mientras la observaba sentarse a la mesa, podía sentir el odio y el deseo entrelazados. Un deseo de poseerla completamente, de reducirla a lo que siempre ha sido para mí: un reflejo de mi poder.
—¿Sabes, Lyra? El amor es solo una máscara para algo más profundo —le dije, con una sonrisa que sabía que la desarmaría. Pero esta vez, no lo hizo.
Ella no se movió, no se inmutó. Simplemente me miró, y en ese momento, vi algo en ella que nunca había visto antes: confianza. Me asusté.
Diario de Ella: Lyra
4 de noviembre
Hoy todo va a cambiar. Me he pasado semanas fingiendo. Semanas preparando cada pequeño detalle para este momento. Nyx cree que todavía tiene control sobre mí, pero no sabe lo que realmente he estado tramando. Ya no soy la mujer que solía ser. Él me hizo así, y hoy pagará por cada una de las cicatrices invisibles que ha dejado.
Cuando me senté a la mesa, lo noté. Su arrogancia. Esa misma sonrisa que solía reducirme al silencio, pero esta vez no sentí miedo. Sentí algo más oscuro, algo más fuerte. Lo dejé hablar, observando cómo creía que sus palabras seguían teniendo el mismo efecto en mí. Pero ya no.
—¿Sabes, Lyra? El amor es solo una máscara para algo más profundo —dijo, con esa voz venenosa.
Sonreí, porque ahora era yo la que llevaba la máscara. Y esta vez, el juego es mío.
El plan ya estaba en marcha. Había sido paciente, calculadora. Todo estaba en su lugar. Lo observé beber el vino que cuidadosamente había preparado, y dentro de mí, sentí la satisfacción de saber lo que ocurriría después. Lo había envenenado, no lo suficiente para matarlo, sino para empezar a debilitar su control. Algo sutil, que poco a poco comenzaría a hacer efecto.
—¿Te sientes bien, Nyx? —le pregunté con una dulzura calculada. El desconcierto en su rostro fue el primer indicio de que algo no iba bien.
Lo vi levantar la mano para coger su copa de vino nuevamente, pero la mano le temblaba. Fue entonces cuando entendió. Vi el pánico crecer en sus ojos.
—¿Qué has hecho? —me preguntó, con una voz que ya no era firme, sino rota.
—No todo es lo que parece, Nyx —le dije, mientras su cuerpo empezaba a sentir los primeros efectos.
Esta vez, yo soy la que tiene el control.
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