Capítulo 13: La Jaula Invisible
Diario de Él: Nyx
10 de octubre
Lo más fascinante de las relaciones es lo moldeables que pueden ser cuando sabes exactamente cómo controlar cada pieza. Lyra ha sido una estudiante interesante en este proceso. Lo que más aprecio es su necesidad de complacerme, de querer ser la mujer perfecta que yo sé que puede llegar a ser. Pero últimamente, he notado una pequeña chispa de duda en sus ojos. Y eso no puede ser tolerado. No cuando he invertido tanto en ella.
Hoy decidí llevar las cosas un paso más allá. A veces, para mantener la armonía, es necesario crear caos primero. Llegué a su apartamento sin avisar, como suelo hacer cuando quiero sorprenderla. Pero esta vez, no era solo una visita. Esta vez, iba a poner en marcha algo más grande. Algo que la quebraría en el punto exacto donde yo pudiera reconstruirla a mi manera.
Entré, y desde el primer momento supe que algo estaba mal. Podía sentirlo en el ambiente, como si ella estuviera esperando que algo ocurriera, pero no de manera agradable. No era miedo lo que percibía, era algo más profundo: un temblor de inseguridad.
—¿Por qué estás tan callada, Lyra? —le pregunté, mientras caminaba por el salón, inspeccionando su casa, como si buscara un defecto oculto en el ambiente.
Ella intentó sonreír, pero su sonrisa era forzada, como si algo dentro de ella estuviera a punto de romperse. Me acerqué, la tomé del mentón y la obligué a mirarme a los ojos.
—¿Sabes lo que más me molesta? —dije, con una frialdad que no podía disimular— Que me ocultes cosas. Sé que no eres honesta conmigo.
Vi el pánico crecer en su mirada, esa pequeña chispa de miedo que tanto me alimenta. Sabía que con esa simple acusación la había desestabilizado por completo. Era como si la hubiera arrancado de su equilibrio. Pero eso es lo que quería.
—¿Qué? No te estoy ocultando nada, Nyx. No entiendo... —dijo, su voz temblorosa, mientras intentaba recomponerse.
Le di la espalda, dejándola en el borde de esa incertidumbre, mientras yo paseaba por su salón. Toqué objetos en su casa, moví cosas, desordené pequeños detalles, como si estuviera marcando mi territorio.
—Lo sé todo, Lyra. No pienses que puedes ocultarme nada. Conozco cada detalle de tu vida, hasta lo que tú misma has olvidado —dije, con un tono seco. No necesitaba más explicaciones. Quería que sus pensamientos dieran vueltas, que no supiera dónde estaba la verdad y dónde comenzaban sus propios temores.
Diario de Ella: Lyra
10 de octubre
Hoy sentí que todo se rompía. Nyx llegó sin avisar, algo que en el pasado habría encontrado encantador. Pero esta vez, fue diferente. Desde el momento en que entró, sentí que estaba buscando algo, como si supiera que yo había hecho algo mal, aunque no tenía idea de qué.
Su mirada, esa fría, calculada manera de observarlo todo, me hacía sentir como si hubiera una bomba a punto de explotar. Y cuando lo dijo, cuando lanzó esa acusación sin sentido de que le estaba ocultando cosas, sentí que mi corazón se detenía. ¿Qué quería decir? No le oculto nada, no hay nada que yo pudiera haber hecho que lo molestara.
Intenté mantener la calma, pero mi voz temblaba.
—No te estoy ocultando nada, Nyx —le dije, con la esperanza de que eso fuera suficiente, pero sabía que no lo era.
Entonces vi lo que hizo. Comenzó a moverse por mi casa, tocando las cosas, moviéndolas, desordenando pequeños detalles. Era como si estuviera marcando un territorio que no le pertenecía. Vi cómo colocaba mi taza favorita en otro lugar, cómo tomaba los libros de mi estantería y los desordenaba. Era tan sutil, pero al mismo tiempo tan devastador. Era como si quisiera dejarme claro que no tenía control sobre mi propia vida. Que todo lo que creía mío, en realidad le pertenecía a él.
Mi mente estaba llena de confusión. Su acusación seguía resonando en mi cabeza. "Te oculto cosas." No, no era verdad. Pero cuanto más lo repetía en mi cabeza, más empezaba a dudar de mí misma. ¿Y si estaba haciendo algo sin darme cuenta? ¿Y si realmente había hecho algo mal?
Cuando me miró de nuevo, no pude sostener su mirada. Sentí que me ahogaba en la culpabilidad, una culpabilidad que ni siquiera entendía. Mi vida entera estaba bajo su control, y ni siquiera me daba cuenta de cuándo empezó a ocurrir.
Me senté en el sofá, sintiéndome pequeña, insignificante, mientras él seguía caminando por la habitación como si nada de esto le afectara. Y entonces, lo dijo.
—Estás perdiendo el control, Lyra. Pero no te preocupes, yo estoy aquí para mantenerte en línea.
Esas palabras fueron un golpe directo a mi mente. Era como si estuviera dándome una sentencia, como si mi vida ya no estuviera bajo mi control, sino en sus manos. Y lo peor es que, en ese momento, sentí que era verdad. Ya no podía distinguir lo que era real de lo que él me había hecho creer. Y eso... eso era lo que me aterraba más que nada.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario