martes, 17 de septiembre de 2024

"Donec mors nos separabit" (Hasta que la muerte nos separe)

 

Capítulo 16: La Verdad del Monstruo


Diario de Él: Nyx

27 de octubre

Hay límites, incluso para mí. Lyra ha cruzado el suyo. Durante semanas, he notado una chispa de rebeldía en ella. Al principio, lo ignoré, pensé que se trataba de un desliz pasajero. Pero no. Esa chispa ha crecido y hoy, por fin, explotó.

Cuando todo está cuidadosamente diseñado para funcionar a la perfección, la insubordinación es una traición. Y yo no puedo tolerarla. Esta noche, mientras la observaba en ese evento social, noté algo. Sus ojos, esa mirada que me adoraba, se desvió. Hablaba con otros hombres, se permitía sonreír, como si su mundo no dependiera completamente de mí. No pude soportarlo.

Controlar la rabia es un arte. Siempre he sabido cómo mantener mi calma, cómo manejar cada pieza del tablero. Pero esta vez... esta vez algo en mí se rompió.

Al volver al coche después de la fiesta, la tensión era palpable. El silencio entre nosotros era más denso que nunca. Mi mandíbula estaba tensa, y podía sentir el latido de mi ira en cada fibra de mi cuerpo. Sabía que si no lo enfrentaba ahora, si no la quebraba completamente, perdería el control. Y eso, bajo ninguna circunstancia, podía permitírmelo.

—¿Te divertiste? —le pregunté, con un tono que sabía que no le haría sentir segura.

Ella intentó decir algo, balbuceando, pero sus palabras no tenían sentido. Y eso me irritó más.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —mi voz ya no era tranquila, era un filo cortante—. Me haces pasar vergüenza, coqueteas con cualquiera, ¿y te quedas callada como si nada hubiera pasado? —Escupí las palabras, y vi cómo sus ojos se abrían con miedo.

El miedo que tanto tiempo he controlado en ella se hacía más tangible ahora. Y esa era la diferencia. Hoy, por primera vez, voy a dejarle claro lo que pasa cuando intenta rebelarse.


Diario de Ella: Lyra

27 de octubre

Esta noche vi algo en Nyx que me aterra más de lo que nunca imaginé. Cuando me recogió después del evento, el aire en el coche era irrespirable. Pude sentirlo. Algo en él se había roto, algo oscuro estaba emergiendo.

Todo el evento fue un desastre. Cada vez que intentaba integrarme, sentía sus ojos sobre mí, juzgándome, marcando cada movimiento que hacía. Traté de mantener la calma, de sonreír, pero dentro de mí crecía una sensación de pánico que no podía controlar. Quería ser invisible, desaparecer.

Y entonces, en el coche, todo estalló.

—¿Te divertiste? —dijo, con una frialdad que jamás había oído en su voz.

Intenté responder, pero no sabía qué decir. Sabía que lo que venía sería malo, pero no sabía hasta qué punto. Y entonces, me atacó. No físicamente, no. Pero sus palabras fueron como golpes. Me acusó de coquetear, de hacerle pasar vergüenza. Nada de eso era cierto, pero no podía defenderme. Su ira era real, tan real que me quedé paralizada. Sabía que no debía hablar. Sabía que cualquier palabra empeoraría las cosas.

Cuando llegamos a mi apartamento, no pude moverme. Me quedé sentada en el coche, temblando. Él me miró como si esperara que yo hiciera algo, pero no pude. Entonces, de repente, golpeó el volante con tal fuerza que todo mi cuerpo se tensó.

—¡Mírame cuando te hablo! —gritó, una orden que me perforó el pecho.

Mis manos temblaban mientras lo miraba. El Nyx que conocía había desaparecido. El hombre que estaba frente a mí no era el que había amado. Este era alguien capaz de hacer cualquier cosa. Y por primera vez, supe que estaba en peligro.

—No eres nada sin mí —susurró, pero esta vez no era una declaración tranquila. Era una sentencia.

Quería llorar, quería huir. Pero sabía que no podía. Me quedé allí, atrapada en su mirada, con la sensación de que mi vida había llegado a un punto de quiebre. Sabía que si no hacía algo pronto, si no encontraba una forma de escapar, no saldría de esto con vida. Pero al mismo tiempo, esa chispa dentro de mí seguía creciendo. Y aunque estaba aterrada, algo me decía que este sería el principio del fin. Que, por fin, había visto su verdadero rostro.

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