Capítulo 20: El Último Suspiro del Amor
Diario de Él: Nyx
25 de noviembre
No sé cuándo todo empezó a desmoronarse, cuándo perdí las riendas, pero sé que está ocurriendo. Desde hace días, cada cosa a mi alrededor parece desmoronarse. No puedo dormir. Todo me parece extraño, como si hubiera algo en el aire que no logro ver pero que me acecha. Las paredes de mi mundo, de mi mente, se están cerrando. He notado cosas. Mensajes sin remitente, fotografías mías en lugares que no reconozco. Es como si Lyra supiera más de mí de lo que yo mismo sé.
Hoy encontré algo que me rompió. Mi reloj... el que creí haber perdido. Pero no estaba en el apartamento, estaba en su bolso. Lyra siempre ha sido meticulosa, pero ahora entiendo que no se trataba de una simple pérdida. Ella lo tenía, lo ha tenido todo el tiempo. Y ahora lo veo claro: está jugando con mis sentimientos. Ya no es la mujer sumisa que creía conocer.
Decidí enfrentarla hoy, mañana sería demasiado tarde. Sabía que no podía seguir permitiendo esta farsa, esta manipulación sutil. Cuando llegué a su casa, ella estaba serena, más tranquila de lo que debería. Algo no encajaba. Pero antes de que pudiera decir una palabra, ella me miró con una sonrisa que me hizo estremecer.
—Nyx, ¿por qué no te sientas? —dijo, como si yo fuera un invitado en su propia vida.
Mis piernas se movieron antes de que pudiera pensarlo. Me senté. ¿Qué me está pasando? No podía controlarme. Era como si sus palabras me guiaran, como si todo lo que alguna vez fui se disolviera en ese instante.
Diario de Ella: Lyra
25 de noviembre
Hoy es el día. Llevo meses esperando este momento. Nyx pensó que me había destruido, que podía manipularme y quebrarme. Pero no entendió que cada uno de sus movimientos me fortalecía. Cada mentira, cada manipulación, cada gesto de superioridad fue un ladrillo más en el muro que construí para esta venganza.
Todo ha sido calculado, desde las pequeñas grietas en su mente hasta las pistas que cuidadosamente fui dejando. Nyx nunca ha estado en control. Yo fui moldeando su realidad poco a poco, envolviéndolo en su propia red de mentiras hasta que no pudiera distinguir entre lo que era real y lo que no. Las fotos, los mensajes, los objetos “perdidos”. Todo lo que hice lo empujó un paso más cerca del abismo. Y ahora, finalmente, está listo para caer.
Cuando entró hoy, supe que el momento había llegado. Lo observé con una mezcla de satisfacción y compasión. Porque lo que voy a hacerle es justo. Es la consecuencia de cada vez que me hizo sentir pequeña, de cada palabra que me hirió y de cada noche que pasé atrapada en su manipulación.
—Nyx, ¿por qué no te sientas? —dije suavemente.
Vi cómo su rostro cambiaba. No lo entendía. Por primera vez, sentí que era yo quien tenía el control absoluto. Sabía que el sedante que había mezclado en su bebida empezaría a hacer efecto. Se sentó, y su mirada comenzó a nublarse, pero aún intentaba hablar, intentaba resistirse.
—¿Qué me has hecho? —susurró, con la voz temblorosa.
—Te estoy mostrando lo que realmente es el amor —le dije, sin perder mi calma. Mi voz era un eco de todo lo que él me había dicho, solo que ahora la balanza estaba a mi favor.
Me acerqué lentamente, dejando que sintiera el peso de cada segundo. En la mesa frente a él, coloqué el sobre que contenía todos los secretos de su vida que he recolectado. Lo que verá en ese sobre lo destruirá. Lo hará caer no solo ante mí, sino ante todos los que alguna vez lo admiraron. Su trabajo, su reputación, su vida social, todo se desmoronará.
—En ese sobre está tu final, Nyx. No solo ante mí, sino ante todos. Ya no podrás manipular a nadie. He enviado copias a tus amigos y a tus socios. Todo lo que alguna vez hiciste, todo lo que escondiste, los nombres de todas las mujeres a las que destruíste serán expuestos al fin.
Lo vi intentar levantarse, pero sus piernas no respondían. El sedante lo mantenía consciente pero sin control sobre su cuerpo. Iba a ver su destrucción, pero no podría hacer nada al respecto.
—¿Por qué...? —fue lo último que consiguió murmurar.
—Porque aprendí de ti, Nyx. Y ahora, tú serás quien viva con el peso de tus propias decisiones. Quien mata con crimen, con crimen perece. —Mi voz no tembló. Me incliné y dejé un último beso en su frente. El beso envenenado.
Me di la vuelta, dejándolo solo con sus pensamientos, sus miedos y la inevitable caída que le esperaba. Ya no había más palabras que decir. Mi venganza había sido ejecutada con precisión, y ahora era él quien se enfrentaba a la oscuridad que tanto disfrutaba infligir.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario