Capítulo 2: Cruce de Miradas
Diario de Él: Nyx
30 de agosto
El día comenzó como cualquier otro. Las voces metálicas de los pilotos resonaban en mis oídos, y el tablero de control se iluminaba como un árbol de Navidad con cada nuevo vuelo que llegaba a mi consola. Mantengo la calma. Aparentemente, nada puede perturbar mi fría precisión. Sin embargo, la inquietud que sentí ayer persiste, una sensación de que algo en mi vida, en mi mundo cuidadosamente construido, está a punto de cambiar.
Las rutinas se han convertido en mi zona de confort, pero hoy algo me empuja a salir de ella. Después de mi turno, decido hacer algo diferente, algo fuera de lo común. Camino por la ciudad, con un paso lento, disfrutando del anonimato que me ofrece la multitud. Me detengo en una cafetería pequeña, una de esas que casi nadie conoce, y me siento en una mesa junto a la ventana.
Mientras disfruto de mi café, miro a las personas pasar, observando sus gestos, sus sonrisas, sus preocupaciones. Es un juego que suelo hacer: imaginar las vidas que llevan, los secretos que guardan. Pero hoy, entre la multitud, una figura llama mi atención. Una mujer entra en el local, elegante, con una belleza que recuerda a las estrellas de cine de antaño. Algo en ella me resulta... familiar. No sé de dónde, pero la sensación es inconfundible. Mi corazón, ese órgano que creía bajo control, late más rápido por un segundo. Algo en mí se agita, una emoción que no quiero reconocer. La observo, sin apartar la mirada, mientras ella se acerca al mostrador. ¿Por qué tengo la sensación de que este encuentro es importante?
Diario de Ella: Lyra
30 de agosto
Hoy sentí la necesidad de escapar un poco de la vorágine de mi día a día. La moda, las reuniones, los desfiles… todo es fascinante, pero a veces necesito un respiro, un momento de paz en medio del caos. Decidí dar un paseo por una zona de la ciudad que no frecuento tanto, un lugar que tiene un encanto casi oculto. Las calles empedradas y las tiendas vintage me recuerdan a los rincones más bonitos de París.
Después de caminar sin rumbo por un rato, encontré una pequeña cafetería que parecía sacada de una postal. Me dejé llevar por el impulso y entré. El ambiente era acogedor, con una luz tenue que invitaba a quedarse. Pedí un capuchino y, mientras esperaba, sentí que alguien me observaba. No me giré de inmediato, pero la sensación era tan fuerte que era imposible ignorarla. Cuando finalmente lo hice, mis ojos se encontraron con los de un hombre sentado junto a la ventana. Su mirada era penetrante, casi hipnotizante. Era como si él supiera algo sobre mí que yo misma desconocía. Era un hombre atractivo, con un aire de misterio que contrastaba con el entorno tranquilo del espacio.
Durante unos segundos que parecieron eternos, nuestras miradas se mantuvieron fijas, como si el tiempo se hubiera detenido. Sentí un cosquilleo en la nuca, una mezcla de anticipación y desconcierto. ¿Quién era este hombre? ¿Y por qué tengo la sensación de que este encuentro no es casual?
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