miércoles, 28 de agosto de 2024

"Omnia fert aetas, animum quoque" (El tiempo lo lleva todo, incluso el alma)

 EN EL BLOG

Omnia fert aetas, animum quoque


Nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que la vida no nos deja otra opción…

Es normal tener un mal día.

Dos ya sabe mal.

Hay semanas que matan, que desgastan.

Un mes de infortunios.

Seis meses de locura.

Años de desventura.

Vidas amargas para gente dulce.

Fatalidad…

 

¿Qué hacer cuando todo va mal?

¿Qué hace cuando todo es yin y no hay yang?

¿Qué hacer cuando damos todo y nada recibimos?

¿Cómo romper la mala racha?

El que espera…  ¿siempre alcanza o desespera?

Y la suerte… ¿nace o se hace?

Esperanza…

 

He pasado algunos años oscuros, fueron noches interminables incluso de día, fueron tormentas mentales en Junio y cortocircuitos continuos.

Conozco bien el lugar en el que tú estás ahora y no, no voy a mentirte y a prometerte que todo va a salir bien, porque no es así. Todos tenemos a un amigo, a un cuñado que es un hermano, al que adoramos y al que no queremos ver sufrir más, que concatena y alterna noticias tristes y terribles hasta reventar al que no queremos volver a ver llorar y que sabemos que, aunque escondido entre canciones de Adele y exceso de velocidad, llora.

¿Dónde está Dios en estos casos, dónde está cuando es tanta la desesperación que después de rezarle a él sentimos que debemos intentarlo también con el diablo?

Me divierte escuchar a las personas afortunadas hablar sobre la psicología positiva y la fuerza de la atracción, yo misma lo hice cuando mi mayor problema era escoger entre una lata y una botella.

¿Qué pasa cuando la vida te pone de rodillas?

¿A quién se reclama, a quién se culpa o imputa?

Dicen, prometen, comentan…” todo va a mejorar” pero ya han pasado más de mil días desde la última lágrima y nada bueno parece pasar. Es algo más fuerte que las propias circunstancias, parece imposible, es la conjunción de todas las fuerzas kármicas unidas para castigarte ¿por qué? ¡Vete tú a saber!

A todos mis amigos tristes, a mis suicidas pasivos, a mis almas tristes,

Puede que las cosas no mejoren, puede que nunca lo hagan, pero si hay algo peor que ser un desgraciado es ser un cobarde.

A ti, mi dulce amigo que padeces…

Lucha por ti.

Un día sí y mañana también.

Habla, grita, pide ayuda.

Apóyate en tu infancia.

Duerme, todo es mejor en los sueños.

Lucha por ti.

Llora, llóralo todo hasta que no quede nada, hasta que el hipo te enmudezca, hasta que los ojos te sangren y después lávate la cara, respira y levántate para volver a luchar.

Y puede que no vuelva a salir, pero tú lo vas a volver a intentar. ¿Sabes por qué?

Porque el cobarde muere mil veces antes de morir, pero el valiente solo una.

Todavía puedo escuchar tu corazón latir.

¡Lucha, carajo, lucha, pelea duro!

LUCHA POR TI.


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