EN EL BLOG
Omnia fert aetas, animum quoque
Nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que la vida no nos deja otra opción…
Es normal tener un mal día.
Dos ya sabe mal.
Hay semanas que matan, que
desgastan.
Un mes de infortunios.
Seis meses de locura.
Años de desventura.
Vidas amargas para gente
dulce.
Fatalidad…
¿Qué hacer cuando todo va
mal?
¿Qué hace cuando todo es yin
y no hay yang?
¿Qué hacer cuando damos todo
y nada recibimos?
¿Cómo romper la mala racha?
El que espera… ¿siempre alcanza o desespera?
Y la suerte… ¿nace o se
hace?
Esperanza…
He pasado algunos años
oscuros, fueron noches interminables incluso de día, fueron tormentas mentales
en Junio y cortocircuitos continuos.
Conozco bien el lugar en el
que tú estás ahora y no, no voy a mentirte y a prometerte que todo va a salir
bien, porque no es así. Todos tenemos a un amigo, a un cuñado que es un hermano,
al que adoramos y al que no queremos ver sufrir más, que concatena y alterna noticias
tristes y terribles hasta reventar al que no queremos volver a ver llorar y
que sabemos que, aunque escondido entre canciones de Adele y exceso de
velocidad, llora.
¿Dónde está Dios en estos
casos, dónde está cuando es tanta la desesperación que después de rezarle a él sentimos
que debemos intentarlo también con el diablo?
Me divierte escuchar a las
personas afortunadas hablar sobre la psicología positiva y la fuerza de la
atracción, yo misma lo hice cuando mi mayor problema era escoger entre una lata
y una botella.
¿Qué pasa cuando la vida te
pone de rodillas?
¿A quién se reclama, a quién
se culpa o imputa?
Dicen, prometen, comentan…”
todo va a mejorar” pero ya han pasado más de mil días desde la última lágrima y
nada bueno parece pasar. Es algo más fuerte que las propias circunstancias,
parece imposible, es la conjunción de todas las fuerzas kármicas unidas para
castigarte ¿por qué? ¡Vete tú a saber!
A todos mis amigos tristes,
a mis suicidas pasivos, a mis almas tristes,
Puede que las cosas no
mejoren, puede que nunca lo hagan, pero si hay algo peor que ser un desgraciado
es ser un cobarde.
A ti, mi dulce amigo que
padeces…
Lucha por ti.
Un día sí y mañana también.
Habla, grita, pide ayuda.
Apóyate en tu infancia.
Duerme, todo es mejor en los
sueños.
Lucha por ti.
Llora, llóralo todo hasta que
no quede nada, hasta que el hipo te enmudezca, hasta que los ojos te sangren y
después lávate la cara, respira y levántate para volver a luchar.
Y puede que no vuelva a salir,
pero tú lo vas a volver a intentar. ¿Sabes por qué?
Porque el cobarde muere mil
veces antes de morir, pero el valiente solo una.
Todavía puedo escuchar tu corazón
latir.
¡Lucha, carajo, lucha, pelea
duro!
LUCHA POR TI.

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