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Epistula amoris et desiderii
Amor,
Te echo de menos.
Han pasado casi ochenta lunas desde la última vez que estuvimos juntos, pero todavía consigo sonreír cuando te pienso, todavía consigo alimentarme con tu recuerdo y crear crucigramas de sueños con las palabras pensadas que nunca te atreviste a pronunciar. Estás, aunque no estés y siento tu alma en cada esquina de la casa, un hogar que creamos con la ilusión de quien nunca entendió el significado de la palabra no.
Querida alma gemela que me ilumina y me desvela,
Las cosas van bien, el mundo parece no haber entendido tu ausencia y sigue girando, yo lo intento a ratos; avanzo, tropiezo, salto y retrocedo, pero me voy defendiendo en este mundo sin ti.
Los días han empezado a recortarse y temo al otoño, me pregunto qué será de mí sin el sol y sin ti, me pregunto quien me abrazará cuando las hojas doradas pierdan el sabor a sal y empiecen a colorearse de nostalgia. Ya no hay sandías en el mercado, las nectarinas empiezan a escasear y a partir de las ocho no puedo salir a pensarte sin que el cielo se tiña de un azul profundo que me recuerde el hecho de que no estás. Extraño esa paz que encontraba en tu mirada, esa tranquilidad que solo tú sabías darme.
El verano se despide lentamente, y con él se van esos días largos en los que solíamos perdernos entre las olas, planeando desparecer, olvidándonos del mundo.
He intentado mantener vivo el calor de aquellos días en cada rincón de esta casa, en cada rincón de mi alma. Pero hay momentos en los que la ausencia pesa tanto que el silencio se vuelve ensordecedor. Echo de menos la suavidad de tu voz al decir mi nombre, la calidez de tu abrazo que siempre lograba ahuyentar cualquier temor.
¿Estás bien? Aquí las noches ahora más frescas, parecen alargarse sin ti. Me envuelvo en recuerdos, en esas pequeñas cosas que compartíamos sin darnos cuenta de lo mucho que significaban: nuestros paseos por la playa al atardecer, las conversaciones interminables bajo el cielo iluminado y el futuro que creamos y que susurramos al mar.
Te extraño con una intensidad que a veces duele, pero a la vez me llena de esperanza. Porque sé que este amor que nos une es más fuerte que la distancia, más fuerte que el tiempo y que el destino, más fuerte que la adversidad y aunque los días se acorten y el verano dé paso al otoño, sé que nos volveremos a encontrar, que nuestras almas volverán a entrelazarse como lo han hecho siempre, como nunca han dejado de hacer.
La niebla vuelve, tú no estás, ladra un perro en el portal …
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