Demasiada gente rota para un mundo pequeño.
Personas
fragmentadas, trozos de seres alegres vagando desolados en un espacio pensado
para ser feliz.
Personas
que caminan, trabajan, sonríen, respiran y fingen normalidad pero que antes de
dormir dejan sus lágrimas en la almohada.
Gente
corriente que es diferente.
Corazones
fragmentados que no volverán a ser.
Esperanzas
violadas que no les permitirán volver a creer.
Sentimientos
teñidos de gris.
Sonrisas
que dejaron de existir en rostros que se olvidaron de vivir.
Demasiada gente rota para un mundo pequeño.
Personas
que fijan durante horas su mirada en la nada.
Canciones
que no se atreverán a volver a escuchar.
Dramas
perpetuos, personalidades frustradas que no volverán a brillar.
Gente
peculiar a la que el dolor coloreó de normal.
Noches
sin fin, oscuridad desde el cerebro hasta el riñón.
Preguntas
sin respuestas, vidas completas de lluvia en el corazón.
Contradicciones
eternas en sombras de fiesta.
Navidad
triste, cumpleaños también.
Demasiada
gente rota para un mundo pequeño.
Almas
perdidas que buscan refugio en un rincón.
Miradas
que se esconden tras gafas de sol,
intentando
ocultar las tinieblas que habitan en su interior.
Palabras
no dichas que se ahogan en la garganta.
Historias
que nunca se contarán, porque duelen demasiado.
Lágrimas
que caen en el silencio de la noche
en un
suspiro que nadie escuchará.
Demasiada
gente rota para un mundo pequeño.
Caminos
truncados, destinos inciertos.
Sueños
que se desvanecen antes de nacer.
Margaritas
que mueren antes de florecer.
Y aun
así, en medio de la oscuridad,
hay
quienes buscan juntar los trozos,
recomponer
lo que la vida quebró,
y
aunque sea difícil, intentarlo una vez más.
Demasiada
gente rota para un mundo pequeño,
pero
quizás, solo quizás,
si nos
unimos en nuestra fragilidad,
podamos
construir algo nuevo:
Un
mundo donde quepan todos los pedazos,
Un
lugar donde lo roto también tenga valor.
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