La lucha de una superviviente
al abuso narcisista
Estaría
bien encontrar a alguien, a alguien especial, a alguien con el que compartir y
del que recibir más que rechazo y desaires.
Sería
sensacional tener a quien escribir, a quien admirar, a quien querer y a quien
abrazar.
No,
señoras y caballeros, "sola" no se está "tan bien" como
ustedes piensan.
No,
queridos amigos, no es una cuestión de exigencia, manías o desobediencia, se
equivocan, lo único que ocurre es que recuperar la cordura fue tan difícil que
todo lo que no sea nuestra propia sombra nos parece un riesgo… No podría pasar
por lo mismo de nuevo.
¿Imaginas
salir de casa y escuchar elogios de la misma boca de la persona que hace doce
minutos te desdeñó?
¿Imaginas
ser testigo del coqueteo de tu marido hacia otra mujer y ser acusada de
“lianta”?
¿Imaginas
pedir un mínimo de lealtad y escuchar que ésa es una cualidad para perros?
¿Imaginas
sentir amor hacia alguien que solo siente desprecio?
¿Imaginas
tener que dar muestras de tu cordura a quien ante cualquier reproche finge
demencia?
¿Imaginas lo que es llorar todas las noches sobre una almohada mojada?
Soy una superviviente de la relación más destructiva de mi vida. Sobrevivir, sí, porque aunque aún respire, las cicatrices invisibles son como grietas que atraviesan mi alma, y cada una de ellas cuenta una historia de resistencia. Pero no estoy aquí solo para hablar del dolor. Estoy aquí porque me niego a permitir que la historia termine ahí, en ese sufrimiento interminable. Me niego a que él, un narcisista, sea el punto final de mi historia.
Hoy, he dejado atrás la niebla de la confusión, las excusas constantes, y esa sensación sofocante de que no podía hacer nada bien. Me doy cuenta de que no estaba loca, no estaba equivocada, y mucho menos, no estaba siendo demasiado exigente. Querer respeto, fidelidad, empatía... esas no son demandas inalcanzables. Son derechos básicos. Y lo que viví, lo que muchas otras personas han vivido o están viviendo, es abuso.
El gaslighting era su herramienta favorita. Una y otra vez, intentaba explicarle cómo me sentía, y siempre, siempre, me hacía sentir como si estuviera equivocada. Me hacía dudar de mi propia percepción de la realidad. Y después de una discusión absurda, él seguía como si nada hubiera pasado. En ese ciclo interminable, yo me iba desmoronando. No entendía cómo alguien podía decirte que te amaba y, al mismo tiempo, hacerte sentir insignificante.
Recuerdo noches en las que intentaba desglosar cada conversación, buscando una lógica que no existía. Me convertí en mi peor crítica. Me cuestionaba, me culpaba y, al final, me hundía aún más en el abismo que él había cavado para mí.
Pero hoy sé que eso no es amor. Amor no es control, no es manipulación, no es hacerte sentir que estás loca por tener emociones. El amor no debería desgastarte hasta el punto en el que dejas de reconocerte frente al espejo.
Salir de ahí no fue fácil. Hubo días en los que la duda me invadía. ¿Y si él cambiaba? ¿Y si esta vez sí me escuchaba? Pero en el fondo, sabía que eso no iba a pasar. Los narcisistas no cambian. Su juego es mantenerte atrapada, siempre intentando complacer, siempre al borde de la desesperación, mientras ellos se alimentan de tu dolor.
Tomar la decisión de irme fue aterrador. La dependencia emocional que se genera en estas relaciones es inmensa. Pero más allá del miedo, estaba la certeza de que había algo mejor para mí. Un futuro en el que no tendría que justificar mi necesidad de ser amada de verdad. Un futuro en el que pudiera ser yo misma, sin miedo a ser aplastada por sus palabras o sus silencios.
Hoy,
escribo estas líneas desde un lugar de libertad. No es fácil, y hay días en los
que las sombras del pasado intentan envolverme. Pero ahora tengo las
herramientas para enfrentar esas sombras. No estoy rota, estoy sanando. Estoy
recuperando mi fuerza, mi identidad, mi vida.
Y si estás leyendo esto y te sientes atrapada en una situación similar, quiero que sepas que hay salida. Puede parecer imposible ahora, pero mereces un amor que te nutra, no que te destruya. Mereces paz, no caos. Y aunque ahora todo parezca oscuro, te prometo que hay luz al otro lado.
No estás sola. Hay millones de nosotras que hemos pasado por esto. Y, como yo, tú también puedes sobrevivir. Puedes reconstruir tu vida, paso a paso. Porque eres fuerte, más fuerte de lo que él te hizo creer. Y tu historia no termina aquí.
La mía
apenas está comenzando...

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