La espada desata venganza,
saciándose con sangre.
"Cuando afile mi espada reluciente y mi mano empuñe el juicio, tomaré venganza de mis adversarios y daré su merecido a los que me odian. Embriagaré de sangre mis flechas, y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos."
Deuteronomio 32:41-42
El mar.
Mi mar.
Aquel que consigue poner el mundo en perspectiva, aquel que escucha mis pensamientos, que siente lo que yo siento, aquel que me da respuestas sin necesidad de preguntar.
Sal.
La sal.
Sal curativa que me purifica, que me sana, que me desintoxica, que me dice que las cosas solo van a mejorar.
Lluvia.
Odio la lluvia.
Lluvia que cae, que me irrita, agua que se queda en el suelo y que nunca se levanta, lluvia triste, lluvia débil, lluvia con aroma a derrota y aura de no sanar.
Noche.
Oscuridad.
Noche sin luna, noche vagabunda, noche misteriosa, noche vigorosa, noche tenebrosa, noche de paz y tranquilidad.
Pasado.
Ayer que me condenas.
Ayer que me observas.
Ayer que me entierras.
Ayer que me recuerda quién un día fui.
Ayer que me avergüenza.
Ayer que me penetra hasta doler.
Ayer que me desordena.
Ayer que me sentencia.
Ayer que me revienta.
Ayer que me envenena.
Ayer que me trastorna.
Ayer que me maltrata.
Ayer que me ata al dolor.
Ayer en el que viví sin honor.
Ayer que me desgarra la piel.
Hoy,
en la soledad de mi mar, siento el peso de las palabras no dichas y de las heridas aún abiertas. La rabia hierve dentro de mí, una tormenta que no puede ser apaciguada. La tristeza se ha convertido en un océano de dolor, un torrente que inunda mis recuerdos. Cada instante vivido es un golpe, una traición que se siente como un puñal.
He sentido el frío,
el hielo de la manipulación, la opresión que me sumió en la oscuridad. La tristeza y la confusión se entrelazan, pero dentro de esa oscuridad, la fuerza comienza a burbujear. Una fuerza que se alimenta del sufrimiento, que se nutre de la injusticia. No soy una víctima, sino una mariposa que ha sobrevivido a la tormenta.
El tiempo ha sido testigo
de mi dolor, pero también de mi resistencia. En cada lágrima que cae, en cada suspiro entrecortado, hay una chispa de venganza que empieza a arder. No deseo el odio, no; quiero algo más profundo, algo que lo consuma: el éxito. Quiero brillar con tal intensidad que el pasado se convierta en cenizas, que el peso de la oscuridad se desmorone ante mi luz.
He sido aplastada,
y aún así, me levanto. Cada vez que siento que me hunden, surjo con más fuerza. El agua helada que corre por mis venas se convierte en mi aliada. No hay un espacio para la compasión en mi corazón; solo hay un eco de determinación. Estoy decidida a ser el faro que ilumina la noche, la fuerza que empuja las olas hacia la orilla.
El futuro me llama.
Es un horizonte lleno de posibilidades, un lugar donde el dolor ya no tiene poder sobre mí. Cada éxito que alcanzo será un grito de victoria, una señal de que he sobrevivido, que he vencido. En esa cima, no habrá espacio para lo que me hizo daño. Mi luz brillará y, en su fulgor, las sombras se desvanecerán.
Así que que venga la tormenta,
que caiga la lluvia, que ruede la marea. He encontrado mi paz en la lucha, en el poder que surge del dolor. No necesito nombrar a quien me hirió; el eco de su nombre se ahogará en la profundidad de mis aguas.
Soy el mar,
y mi objetivo es claro: vivir eternamente para brillar. Que mi luz sea un recordatorio de lo que se perdió, una herencia de fuerza para quienes caminan en la oscuridad. Al final, seré la luz que cegará a aquellos que me quisieron hundir.
Amén.
"Empatía vs Maldad: La tormenta perfecta"

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