miércoles, 2 de octubre de 2024

¡Despierta! No mendigues amor donde sólo hay vacío.


¡Despierta!

No mendigues amor donde sólo hay vacío

ILUSTRACIÓN: HENN KIM


Para, no pienso pedírtelo más.

Deja de intentar entender.
Deja de querer arreglar.
Deja de mendigar.
Para, ya basta.
Dedica ese tiempo a reconstruir lo poco que te queda de dignidad.

¿No ves que no es sordo? Apenas no tiene interés en escucharte.
¿No ves que no es ciego? El problema es que no quiere ni verte.

¿Qué te pasa?

Te has vuelto un espectro, una sombra de lo que fuiste. ¿No te das cuenta de que cada vez que vuelves a suplicar, te despojas de un trozo más de tu alma? Estás intentando dialogar con una pared, con alguien que hace mucho dejó de preocuparse por lo que dices, por lo que sientes. Sigues ahí, aferrada, arrastrándote por un poco de atención, cuando la realidad es brutal: no le importas. Nunca le importaste de verdad. Lo que le interesa es lo que le das, lo que puede sacar de ti.

Deja de buscar razones donde no las hay. No te odia, no te ama, simplemente te desprecia. Porque cada vez que tú te doblas, él se fortalece. Cada palabra que lanzas para explicarte, justificarte, es otra herramienta que usará para aplastarte, para hacerte sentir pequeña, insignificante.

Es doloroso. Lo sé. Admitirlo es como arrancarte la piel a tiras. Reconocer que la persona a la que le has entregado todo no siente nada por ti es devastador. Te has convertido en un objeto, en un recurso agotable que él utiliza a su conveniencia.

¡Despierta! No estás en una relación, estás en una guerra. Pero en esta guerra, tú eres la única que está peleando. No hay treguas, no hay paz. Solo hay una batalla interna que te está destruyendo desde dentro. Y la peor parte es que sigues aquí, rogando por una señal de humanidad, cuando ya te han demostrado mil veces que no la hay.

Es hora de dejarlo morir.
Deja de alimentar esta falsa esperanza. Deja de sangrar para alguien que no levantará un dedo por ti. Deja de intentar darle sentido a lo que claramente no lo tiene. No hay un final feliz, no hay una epifanía donde te mirará a los ojos y comprenderá el daño que ha causado. No hay redención. Solo hay ausencia.

Para ya.
Recupera tu orgullo, recoge las piezas que queden de ti y vete. Vete sin mirar atrás, porque lo que dejas atrás es un abismo, un vacío que nunca se llenará. Te mereces más, te mereces paz, pero la paz no llegará hasta que decidas dejar de luchar una batalla que ya está perdida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Renacer después del dolor: Lecciones desde la LIBERTAD

  Renacer después del dolor:  Lecciones desde la LIBERTAD Mañana será un día especial para mí. Hace tres años firmé mi sentencia de liberta...