Capítulo 3: Destellos de Misterio
31 de agosto
El cielo de la madrugada está despejado, pero en mi mente, una tormenta se cierne. Desde ayer, no puedo sacarme de la cabeza a esa mujer de la cafetería. Normalmente, mi vida está perfectamente ordenada, pero ahora siento que alguien ha deslizado una pieza fuera de lugar en mi tablero de ajedrez. No sé su nombre, ni su historia, pero sé que necesito descubrir quién es.
El control es mi mantra, mi escudo, pero esta sensación de intriga me tiene en jaque. Hoy, después del trabajo, decidí regresar al mismo lugar. Algo en mí, algo que no logro identificar, me empuja a volver allí. Me digo a mí mismo que es solo curiosidad, pero en el fondo sé que es más que eso.
El local está tranquilo, el aroma a café recién molido llena el aire. Me siento en la misma mesa junto a la ventana, mi refugio habitual, esperando... no sé exactamente qué. Y entonces, justo cuando el reloj marca las cinco, la puerta se abre, y ahí está ella. Su entrada parece orquestada, como si formara parte de un guion del que aún no conozco el final. Nuestras miradas se cruzan y, por un instante, el mundo exterior se desvanece. Ella me sonríe, pero esta vez, hay algo diferente en su expresión. Es como si también ella supiera que este encuentro no es casual.
Diario de Ella: Lyra
31 de agosto
Las mañanas en la oficina suelen ser un torbellino de llamadas, correos y decisiones de última hora. Pero hoy, mi mente está en otro lugar. La imagen de ese hombre, con su mirada penetrante y su aire de misterio, ha estado rondando mis pensamientos desde que salí de la cafetería ayer. No suelo dejarme llevar por distracciones, pero algo en él me descoloca. Y no puedo evitar sentir que estoy en la antesala de algo nuevo.
Después de un día de correcciones interminables y decisiones sobre el próximo número, decido regalarme un momento para mí. Me siento impulsada a volver a ese pequeño café, como si algo —o alguien— me llamara desde allí. Sin pensarlo mucho, me dirijo hacia él, mi refugio de ayer.
Al entrar, lo veo de inmediato. Él ya está allí, en la misma mesa junto a la ventana. Su presencia es imposible de ignorar, como una fuerza gravitacional que me atrae sin remedio. Nuestras miradas se encuentran, y en ese breve instante, siento una conexión profunda, casi tangible. No hay palabras, pero no las necesitamos. Nos reconocemos en ese silencio compartido.
Me acerco, y esta vez, decido romper el hielo.
—Hola, soy Lyra —digo con una sonrisa que espero oculte mi nerviosismo.
—Nyx —responde, su voz tan cautivadora como esperaba.
Nos sentamos y, por primera vez en mucho tiempo, siento que no tengo el control de la situación. Pero, sorprendentemente, no me molesta. Algo en él me hace querer explorar, descubrir qué es lo que esconde tras esa fachada impenetrable. Quizás es peligroso, o tal vez simplemente desconocido, pero estoy dispuesta a averiguarlo.
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