domingo, 8 de septiembre de 2024

"Speculum veritatem abscondit" (El espejo oculta la verdad)

 

Capítulo 9: La Fragilidad del Reflejo



Diario de Él: Nyx

18 de septiembre

Hoy le regalé a Lyra un espejo antiguo, uno que encontré en una pequeña tienda de antigüedades en el centro. Es una pieza única, con un marco dorado delicadamente trabajado. Pensé que sería el regalo perfecto para ella; un espejo es algo más que un objeto, es una herramienta para que uno se mire, se conozca, y ¿quién mejor que yo para ayudarla a verse de la manera correcta?

Cuando lo abrí frente a ella, sus ojos brillaron de emoción. Como siempre, fue agradecida, pero vi algo más en su mirada: una chispa de inseguridad. Fue sutil, pero estaba ahí. Tal vez era el reflejo, o tal vez empezaba a entender que yo, y solo yo, podía mostrarle su verdadero valor.

Le sugerí que lo colocáramos en su dormitorio, justo en la esquina donde la luz del día lo iluminaría perfectamente. Estaba de acuerdo, claro, siempre lo está, aunque a veces noto esa resistencia interna que intenta ocultar. Es natural; el cambio es difícil, incluso cuando es para mejor.

Durante la tarde, mientras la observaba arreglándose frente al espejo, hice algunos comentarios casuales.

—Creo que el pelo suelto te queda mejor. Te da un aire más... sofisticado —le dije, inclinándome hacia ella con una sonrisa. No era una corrección, sino una simple observación. Pero noté cómo su expresión cambió, apenas perceptible, como si estuviera reajustando su manera de verse, ajustando su percepción para alinearse con la mía.

Cada vez que se refleja en ese espejo, quiero que recuerde que está mejorando, que cada pequeño cambio la acerca a la perfección. Porque eso es lo que quiero para ella. No la estoy empujando, solo guiándola. Y sé que con el tiempo lo verá, porque ¿quién mejor que yo para saber lo que es mejor?


Diario de Ella: Lyra

18 de septiembre

Nyx me trajo un regalo hoy. Un espejo antiguo, hermoso, con un marco dorado y detalles que lo hacen único. Al principio me emocioné, porque el gesto era inesperado y porque el espejo es realmente precioso. Pero después de unos minutos, cuando lo colgamos en mi dormitorio, empecé a sentir algo diferente.

Nyx me sugirió dónde colocarlo, y aunque al principio no me pareció tan importante, acepté sin pensarlo. Quería que quedara bien, y él tiene tan buen gusto... ¿quién mejor para decirme dónde debería ir? Pero cuando me senté frente al espejo por primera vez, algo en mí se removió. Sentí que no estaba viendo mi propio reflejo, sino la versión que Nyx quería ver de mí.

Me observaba mientras me arreglaba el cabello, y entonces, con esa calma suya tan característica, hizo un comentario:

—Creo que el pelo suelto te queda mejor. Te da un aire más... sofisticado.

Sonreí y asentí, aunque por dentro no estaba segura. Siempre he preferido llevarlo recogido, pero tal vez tiene razón. Tal vez suelto se vea mejor. Tal vez él puede ver algo que yo no. Así que lo solté, dejé que cayera sobre mis hombros, y me observé de nuevo en el espejo. No me veía mal, pero algo dentro de mí se sintió diferente, como si esa imagen no fuera del todo mía.

El resto de la tarde me sentí inquieta. No es que Nyx haya dicho nada malo. Él solo quiere que sea la mejor versión de mí misma, ¿verdad? Pero últimamente, me pregunto si esa versión se parece en algo a la persona que era antes de conocerlo. Me doy cuenta de que cada vez que me miro en ese espejo, busco algo que le guste a él, algo que esté alineado con lo que cree que es mejor para mí.

Estoy cansada. Siento que he pasado todo este tiempo ajustándome a su visión, esperando estar a la altura de sus expectativas. Pero... ¿dónde queda la mía? ¿Qué es lo que realmente quiero? Me siento atrapada entre lo que él espera de mí y lo que yo solía ser, y no sé si puedo seguir viviendo en este equilibrio por mucho más tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Renacer después del dolor: Lecciones desde la LIBERTAD

  Renacer después del dolor:  Lecciones desde la LIBERTAD Mañana será un día especial para mí. Hace tres años firmé mi sentencia de liberta...